José Tamariz Crespo (i) e Isidro Romero Carbo. Archivo EL UNIVERSO.
Por: Ricardo Vasconcelos

Pepe Tamariz Crespo tiene un lugar señero en la gran historia del Barcelona Sporting Club, entidad que presidió entre 1978 y 1982 sin la más leve sombra y con el aura de su talla moral indiscutida. El resultado de su gestión tiene signos dorados: el club más popular del país ganó los campeonatos nacionales de 1980 y de 1981.

No la había pasado bien Barcelona antes de su llegada, pero su experiencia empresarial le permitió reconducir al club en lo administrativo y en lo técnico. En una charla de hace al menos un lustro nos contó: “Al asumir la presidencia me encontré con problemas estructurales y económicos. Lo económico podía superarse, pero lo institucional requería soluciones radicales. Opté por establecer normas claras que tuvieran lógica. Para enmendar los problemas con el equipo impuse reglas firmes. Fui solidario con los jugadores, pero estricto. Tanto en el plano directivo, como en el cuerpo técnico y entre los futbolistas, nos propusimos desterrar egoísmos y los intereses individuales”.

De la primera campaña, Pepe Tamariz recordaba: “Debutamos ante Católica. Si perdíamos nos íbamos a la serie B. No me había posesionado de la presidencia todavía y el presidente de ese entonces me mandó a los jugadores a cobrarnos lo que se les adeudaba. El técnico era el colombiano Leonel Montoya. Perdíamos 0-2 en la primera etapa, entonces fui a los vestuarios. Los futbolistas creían que iba a reclamarles, pero les pedí salir a jugar con alegría como si el partido recién empezara; les pedí coraje para superar la desventaja. Ganamos en el segundo tiempo, pero Montoya me dejó botado el equipo”.

Recuerda Tamariz que ya al mando de Barcelona contrató al peruano Marcos Calderón para que asumiera la dirección técnica. Calderón pidió a su compatriota Carlos Ignacio González Pajuelo y con él llegaron los argentinos Norberto Oswaldo Peratta, arquero; y Víctor Jalil; los brasileños Antonio Carlos Da Rosa Machado y Dirney Celestino (Ney). Calderón se mostró celoso, según Tamariz, de la influencia que tenía Víctor Ephanor en el vestuario y en la cancha y sin avisar abandonó el equipo. Se encargó interinamente Wacho Muñoz y luego el peruano Hernán Saavedra.

Sobre Ephanor recuerda que el técnico y elegante brasileño había llegado a Barcelona en 1977 en la presidencia de Miguel Marchán, pero “se fue del club porque no le pagaban”. Tamariz logró comunicarse con el Artista y le propuso que regrese. “Al principio Ephanor se resistió, pero le dije que le ponía pasaje y hotel para que converse cara a cara conmigo. Si no lo convencía, podía marcharse y no había pasado nada. Vino, nos entrevistamos, y aceptó volver. Esa parte fue muy importante para los títulos que vinieron luego”.

Para poner en práctica su prédica de privilegiar la experiencia por sobre el egoísmo llamó a inicios de 1980, para liderar la Comisión de Fútbol, a Galo Roggiero, quien había conducido a los amarillos en los años del primer bicampeonato (1970-1971) y la legendaria Hazaña de La Plata. Con él decidieron llamar a Otto Vieira como entrenador. Otro acierto fue el fichaje del veterano arquero Airton Correia da Arruda (Manga), mundialista con Brasil en Inglaterra 1966, con brillante paso por Sport Recife, Botafogo, Internacional de Porto Alegre, Coritiba y Gremio de su país, y por Nacional de Montevideo, donde consiguió la Copa Libertadores y la Intercontinental de 1971.

“Al principio el liderazgo de Manga se interpretó como un problema. Me senté a charlar con él y para exponerle nuestra preocupación y el gran arquero entendió que debía ser guía de sus compañeros por su gran experiencia. Allí cambió todo y el papel de Manga, para influir en los demás jugadores, fue fundamental para obtener la corona de 1980”, narró Pepe Tamariz.

El certamen de esa campaña tuvo que definirse en una serie extra entre Barcelona y Técnico Universitario, donde los canarios vencieron en un tercer duelo que definió el campeonato con goleada 3-0, en Machala. Fue el 14 de enero de 1981, el día que Ephanor anotó un tanto con una legendaria chilena.

En 1981 se fue Otto Vieira y Tamariz contrató a otro brasileño, Ronaldo Borba Filho. Este fue relevado por argentino Humberto Maschio, verdadero artífice del equipo bicampeón de ese año. Maschio se fue por un inconveniente disciplinario y llegó otra vez Hernán Saavedra, y en la liguilla el técnico fue el nacional Héctor Morales. Entre las incorporaciones que Tamariz realizó ese año estaban el arquero argentino Juan Domingo Pereyra y los brasileños Alcides de Oliveira, Carlos Gardel Bruno y el ecuatoriano Carlos Torres Garcés. Aún estaban en el plantel Ephanor y José Paes, de notable paso por Barcelona.

“Fue una gran campaña para un gran equipo. Ganamos las dos etapas, como ha ocurrido ahora en el título del 2012. Por la reglamentación tuvimos que disputar una liguilla, pero teníamos 6 puntos de bonificación, lo que hacía imposible alcanzarnos. Fue un bicampeonato histórico”, nos dijo con orgullo el expresidente canario hace cinco años.

Las grandes jornadas del Barcelona del bicampeonato dieron a Tamariz una enorme popularidad que los partidos políticos quisieron aprovechar. “Yo hice lo que Barcelona necesitaba. Di estabilidad al equipo, pagué cumplidamente sueldos y premios y mantuve la disciplina a toda costa. Los jugadores respondieron y eso fue vital. Me propusieron ser candidato a varias dignidades; prefecto, diputado. Me negué terminantemente. Mi respuesta a las agrupaciones políticas fue clara: Yo vine a Barcelona no a servir, no a servirme”.

La revista Estadio, número 109 del 25 de abril de 1995, incluyó una declaración de José Tamariz Crespo respecto a su papel en la conducción del club: “En 1978 varios miembros del directorio me visitaron en mi oficina para que me hiciera cargo del club. Di mi aceptación y gané las elecciones. Logramos realizar un trabajo valioso, profundo y exitoso. Nos propusimos hacer un esfuerzo de largo aliento y no una labor inmediatista. Barcelona se robusteció institucionalmente. Hubo actividad no solo en fútbol, sino en las divisiones inferiores. De esa cantera salieron Carlos Luis Morales, Hólger Quiñónez, Luis Ordóñez, Jimmy Izquierdo y Walter Rolando Guerrero. Por otro lado, se mantuvieron actividades en otras disciplinas como béisbol, hockey, boxeo y ajedrez. El trabajo desplegado trajo como resultado la conquista del bicampeonato (1980-1981). El triunfo fue no solo del directorio, sino de todos, inclusive de su fantástica hinchada que nos acompañó siempre”.

Fue tanta su caballerosidad y deportivismo que cuando Emelec se proclamó campeón de 1979, en carta pública de 10 de enero de 1980, dirigida a Ricardo Estrada, presidente de los eléctricos, Tamariz felicitó a su hermano de barrio, diciendo en un párrafo: “El Barcelona S.C. a pesar de mantener con el C.S. Emelec una caballerosa, deportiva y antigua rivalidad, como entidad que reúne la más grande afición del país, no puede sustraerse al júbilo que siente el pueblo guayaquileño”. Un gesto impensable en nuestros días.

Cada vez que usted pase por el Monumental y vea el busto de Pepe Tamariz, detenga el paso y recuerde que fue un dirigente de verdad, de esos que entregaron el alma por la grandeza de Barcelona, como muchos otros, sin aspiraciones no deportivas ni beneficio personal. (O)

Tomado de: El Universo