Por: Jonathan Moncayo

Pocos futbolistas ecuatorianos me han hecho disfrutar de este deporte más de lo que tú lo has hecho. Quizá con Kaviedes y Aguinaga también me divertí, pero contigo creo que lo hice a un nivel aún mucho mayor. Fuiste parte clave (para mí el jugador más determinante rumbo a Brasil 2014) para darnos nuestra tercera clasificación.

Recuerdo que, luego de cada una de tus exhibiciones, tus jugadas eran el primer tema de conversación entre las personas con las que normalmente hablo de fútbol. “Viste el pase que metió el loco este”, les decía. Y se reían, porque tampoco lo podían creer. Siempre pensé que, por tu indiscutible talento para destruir defensas con un solo pase, tuviste, en un momento, potencial para jugar en los mejores equipos del mundo. No, no lo creía, estaba seguro.

Pero el tiempo pasa. Y el tiempo no perdona. Tus últimos meses en la Selección no han sido positivos y, si tú estás mal, es difícil esperar más del resto porque Christian Noboa era quien le daba vida a este equipo a través de esos trazos tan hermosos como brutales.

Hay gente que se empeña en no querer ver la verdad, ya sea porque le da miedo, porque no le gusta o porque simplemente está mejor creyendo sus propias mentiras. Y, te soy sincero, también soy uno de ellos; estoy consciente que no encontraremos un jugador de tu clase en mucho tiempo.

Pero también quiero lo mejor para la Selección. Y lo mejor para un futbolista que, para mí, ya es leyenda. Y lo mejor no es verte como te vimos hoy, lo mejor es tener el recuerdo en nuestra memoria del mejor mediocentro que alguna vez nació en este pedazo de tierra llamado Ecuador.