Por: Mario Canessa Oneto

La secuencia de aciertos posibilitaron el elocuente triunfo del Barcelona en el mítico y antiguo estadio Urbano Caldeira, popularmente conocido como Vila Belmiro, por su ubicación en ese pequeño barrio de Santos.

Los antecedentes acumulaban varios hechos que dificultaban el resultado de vuelta. Era muy difícil desconocer lo complicado que era visitar a un equipo que mostraba como cartel mantenerse invicto en torneos internacionales desde el 2003, cuando perdió ante el Boca Juniors por la Copa Libertadores. Además, pesaba el gol en contra recibido por Barcelona en Guayaquil porque, de acuerdo al reglamento, al haber anotado Santos (1-1) en el Monumental, clasificaba si conservaba el 0-0. Barcelona estaba obligado a presentar un partido que le garantizara el cero en su valla, a sabiendas de que un gol lo clasificaba, como sucedió.

¿Cómo lo consiguió y cuál fue la secuencia de los aciertos que permitió tan sonado triunfo?

Para explicarlo en detalle me he permitido separarlos en dos grandes capítulos:

1) Lo diseñado como sistema de juego. Guillermo Almada planificó una arquitectura, sustentada, sobre todo, en escoger adecuadamente a los futbolistas inicialistas y otorgarles la tarea que de acuerdo a sus movimientos, configure un sistema que sorprendiera al rival. Esto considerando que el técnico Levir Culpi suponía que el equipo ecuatoriano no era capaz de disputarle el partido tomando como fortaleza la mitad del campo.

Pero entre lo diseñado en el intelecto de Almada y lo que pueda aguantar un pizarrón, está el desarrollo de las ideas en la cancha, que es como decir: “Qué importa tener fe si no actúas”. ¿Fue capaz el equipo en dar fiel cumplimiento a lo diseñado? La respuesta es sí, porque la organización del juego del BSC se plasmó en el momento en que sus jugadores fueron respetuosos de los principios defensivos y ofensivos, permitiendo el equilibrio en el terreno.

El partido que analizamos nos permite utilizar mucho el tecnicismo futbolístico, que implica razonar con más facilidad sobre el balompié. Por ejemplo, los grandes rubros de los principios defensivos –marcaje, repliegue y coberturas– lucieron en gran nivel en lo individual, con los laterales Pedro Pablo Velasco y Beder Caicedo. En lo colectivo, el sector defensivo lució en la temporización, pressing y la demarcación de espacios. Se mostró armónico en el desdoblamiento que tuvieron los dos volantes de primera línea –Matías Oyola y Gabriel Marques–, al configurar un cuadrado central firme cuando reducían los espacios, conjuntamente con Darío Aimar y Xavier Arreaga.

Desde el punto de vista ofensivo los diarios brasileños anunciaban, antes del partido, que el equipo ecuatoriano tenía como arma a los volantes por fuera. Tanto fue así que Santos redujo las dimensiones laterales de la cancha, donde normalmente juega con 70,30 metros, hasta llegar al mínimo reglamentario de 68 metros.

Entre los principios ofensivos que más destacaron en el equipo amarillo están la utilización de los espacios libres, donde brilló Damián Díaz –el mejor jugador del partido, en mi criterio–, como también la velocidad, cualidad que la posee y la luce Barcelona con Ely Esterilla y Marcos Caicedo. Y cuando usa a José Ayoví y Érick Castillo mantiene esa cualidad. Y por supuesto el desmarque, que fue un gran dolor de cabeza para los santistas con los desplazamientos punzantes de Jonatan Álvez. Pero falta agregar que en lo ofensivo lo que más me agradó fue la progresión y la conservación del balón, donde BSC fue convincente.

2) La fortaleza anímica. Este ha sido un factor que siempre se le ha criticado al futbolista ecuatoriano. Hace poco conocimos en una declaración realizada a un medio extranjero por Esteban Dreer. Él se refería al tema y expresó: “El jugador ecuatoriano está al mejor nivel en Sudamérica. Tiene técnica, velocidad y potencia, lo que le falta es la mentalidad del argentino, el uruguayo o el brasileño”.

Cuando se conocieron esas declaraciones muchos aficionados mencionaban “por fin alguien tuvo la valentía en decirlo”. Claro, la discusión se armó porque costaba escucharlas hechas por un seleccionado del país y porque lucía poco ético criticar a sus compañeros de profesión, etcétera.

Debo confesarle que recordé las frases de Dreer la noche del duelo. Pensé que lo manifestado no se notó en un partido tan importante como el que jugó Barcelona por una simple razón: fue tal la potencia emocional del equipo ecuatoriano, que la supo transmitir dentro de la cancha. Eso lo absorbió el pobre y reducido espíritu que le iba quedando a los jugadores rivales. Despojados en lo anímico se los veía deambular en la cancha. Parecía haber perdido la noción de que el fútbol tiene un reloj. Los brasileños llegaron a perder esa rebeldía que debería poseer un equipo que está cayendo en su cancha y más si disputa ir a las semifinales de la Copa.

Barcelona, con su temperamento, desquició mentalmente al rival. Santos ni siquiera se dio cuenta de que el árbitro los perjudicaba al dar cuatro minutos más. Solo lo reclamaron al final, buscando una excusa ante sus aficionados.

El partido fue espléndido y seguro va a trascender. Me recordó aquel encuentro correspondiente a la Copa Libertadores de 1971, cuando un 29 de abril Barcelona venció al invicto Estudiantes de La Plata –tricampeón vigente del torneo en ese momento– en semifinales. En lo que conocemos como La hazaña de La Plata, el gol del cura Juan Manuel Bazurko hizo gritar a Ecuador, como también lo hizo el gol del Loco Álvez.

De qué le pudo servir al DT del Santos, Culpi, en la rueda de prensa, al decir: “La gente se siente molesta por perder en casa por un equipo que no es tan conocido”. Algo parecido sucedió en 1971, cuando el periodista Osvaldo Ardizzone, de la revista argentina El Gráfico, escribió antes del partido copero con Estudiantes de La Plata: “Lo que canta Estudiantes… ¡Mozo, traiga otra copa!”. “Si Barcelona es un equipo de tercera categoría, donde el maestro Spencer está jugando la última parada de su gran carrera goleadora”.

Palabras y palabras, producto de la impotencia o de la soberbia. En fin, qué más puedo escribir; a las pruebas me remito. (O)

En lo que conocemos como ‘La hazaña de La Plata’ el gol ante Estudiantes, del cura español Juan Manuel Bazurko, hizo gritar a Ecuador, como también lo hizo el gol del Loco Álvez.

Tomado de: EL UNIVERSO