Hace un par de semanas Barcelona estaba en peligro de quedar, incluso, fuera de la repesca de la Copa Libertadores de América 2018. Hoy el Ídolo amaneció en esa zona y con una clara opción de obtener un cupo directo al torneo interclubes.

La victoria (0-2) conseguida en su visita al descendido Fuerza Amarilla, combinada con el empate (0-0) entre Macará a Independiente, catapultó a los dirigidos por Guillermo Almada al cuarto casillero de la tabla acumulada, igualados con el cuadro ambateño, pero con un gol diferencia muy superior, factor que incluso le permitiría, en el peor de los casos, llegar al repechaje empatando su último juego de la temporada, justamente ante los celestes en el estadio Monumental.

Ayer, los amarillos cumplieron con el trámite. Los goles de José Ayoví y Jonatan Álvez ayudaron a resolver un encuentro que no tuvo más historia que la de un Barcelona muy superior y que incluso pudo haber ampliado más la diferencia en el marcador, pero a momentos parecía sacar el pie del acelerador para no desgastarse ante un rival que solo inquietó una vez al golero Máximo Banguera, cuando en el minuto dos Mario Barrionuevo estrelló el esférico en el vertical izquierdo, luego de anticipar una mala salida de Matías Oyola.

Poco después el capitán torero se iría lesionado por un fuerte golpe que Joffre Escobar le aplicó en su tobillo derecho, falta que quedó sin sanción. Su sustituto, Richard Calderón, corrió la misma suerte, con un esguince de rodilla.

Oyola y Calderón quedarían fuera del juego ante Macará, en el que ya podrá estar presente Damián Díaz, tras cumplir una fecha de para por acumulación de tarjetas amarillas.

Cancha descuidada

El Oro se queda sin fútbol de primera y lo hace mostrando una imagen deplorable, no solo de un equipo inmerso de una crisis económica, sino de una cancha -la del estadio 9 de Mayo- en malas condiciones, en la que no se puede practicar un fútbol fluido.

Tomado de: Expreso