A Joao Paredes se le nota la angustia y la desilusión en los ojos. No puede sostener la vista al frente y cuando camina lo hace viendo al piso. Su mirada denota tristeza.

La tarde del miércoles pasado, el futbolista de 21 años, que se ve obligado a dejar el balompié profesional por una arritmia cardíaca y fibrosis, llegó a Guayaquil en busca de un nuevo criterio médico que confirme o descarte el diagnóstico de los galenos de Liga de Quito, club al que pretendía fichar esta temporada.

  Su único equipaje era una mochila negra en cuyo interior había unas cuantas prendas de vestir y un sobre manila arrugado en el que guardaba los ocho exámenes que le realizaron en Quito y que sirvieron para que un grupo de cardiólogos estableciera el diagnóstico que apaga su sueño de llegar a la selección.

Iván Hurtado y Jorge Guzmán, presidente y gerente, en ese orden, de la Asociación de Futbolistas de Ecuador (AFE), lo acompañaron para que el cardiólogo guayaquileño Roberto Lecaro analice los exámenes médicos.

Paredes tenía una leve esperanza de que Lecaro le dijera que seguiría jugando profesionalmente, pero el galeno confirmó el diagnóstico y le explicó que su corazón funciona bien, pero el esfuerzo físico extremo al que se somete durante los entrenamientos y partidos puede provocarle arritmia, la antesala de la muerte súbita.

La arritmia son los latidos anormales del corazón y la fibrosis es el engrosamiento de las paredes de ese órgano. En el caso de Joao, este presenta problemas en el tabique interventricular.

Cuando el doctor le dijo eso, Paredes agachó la cabeza y se llevó la mano al rostro. Hurtado y Guzmán trataron de consolarlo. Según ‘Bam Bam’, la AFE respaldará al joven esmeraldeño. Lo apoyarán en el tratamiento que tenga que seguir y lo asesorarán si es que decide interponer una demanda a Delfín, club con el que Paredes tiene un contrato vigente por cinco años. A Liga iba a préstamo por una temporada.

Según el médico de Delfín, Frank García, el club no le hizo chequeos exhaustivos al jugador por falta de presupuesto.

Tomado de: El Telegrafo