General Díaz dejó a Barcelona en carne viva. Son muchas las heridas que dejaron abiertas y todas ellas escuecen. El Ídolo es una bomba de relojería. Un polvorín. Hay focos de tensión por algunas partes que se han avivado con la derrota en Paraguay. Almada y los jugadores son los que peor parados salen de un momento que ha decretado el estado de decepción máxima en Monumental. Sólo el campeonato nacional sujeta al club.

La hinchada exige un cambio que va más allá del banquillo. De hecho, sólo Almada parece salvar los muebles, aunque su figura también se ha desgastado.

Los principales señalados son algunos  jugadores y también el entrenador, por sus decisiones. Damián Díaz, Ariel Nahuelpán y Matías Oyola ya están en el punto de mira del barcelonismo, al igual que algunas acciones de los dirigentes. Lejos de unirse para afrontar una situación tan delicada, se cruzan reproches.

Pitos y mensajes en contra  para todos y gritos a la banca de suplente pidiendo cambios en la alineación al director técnico. Palabras mayores para Almada que ya gastó su comodín (estrella 15) para sofocar la primera rebelión de finales del año pasado  cuando perdió el último partido ante Macará que le impidió clasificar a la Copa Libertadores 2018.

Ahora sólo queda dejar de revisar redes sociales al final del partido para combatir el malestar de una hinchada que está decepcionada de un equipo que no reacciona, principalmente en su juego (no ha perdido en campeonato nacional pero no convence). Los dirigentes  también están en el ojo del huracán. Con el colchón de la estrella 15 y la semifinal de Libertadores, el hincha amarillo también los señala como responsables de otra temporada que puede acabar en blanco, -si no se reinventan ahora, en el inicio-, por segundo año consecutivo.

Ese es el clima de tensión que se respira en el Monumental. Sólo queda aferrarse al torneo nacional para salvar los muebles.