El peor enemigo de Barcelona en sus dolorosas derrotas de 1988 al 2018, durante las 3 décadas desde que se construyó el Monumental es que la gente llena estadio atraída por una sed de gloria que se irradia motivada por un TRIUNFALISMO IMPRUDENTE, que no respeta rivales y que ciego de pasiones imaginan que, por ser Barcelona, los rivales llegan de rodillas a la cancha o como esos presos que van llenos de pánico a la silla eléctrica o a la guillotina. Cuando la realidad es todo lo contrario, cualquier equipo pequeño al ver ese marco de público siente que está en el teatro ideal para hacer realidad su sueño de gloria, y por lo menos ese día tener su cuarto de hora de fama, y volverse una celebridad. Ese triunfalismo imprudente nace en la prensa amarilla, y se irradia hacía un fanatismo ciego, que lo absorben los jugadores y que termina siendo un boomerang en contra de la ansiada victoria amarilla. Que el clásico del domingo sea una historia diferente y que los jugadores no se dejen absorber por esa atmósfera, que durante 30 años ha provocado perder: dos finales de copa libertadores, 2 semifinales, 1 bicampeonato y varios partidos decisivos.

¡QUE MUERA EL TRIUNFALISMO IMPRUDENTE!

¡Y QUE AYER HOY Y SIEMPRE VIVA BARCELONA CARAJO!

Por Vito Muñoz Ugarte