Croacia está donde debía. Con agonía, tras la prórroga y los penaltis, alcanzó las semifinales, la cima de su mejor generación. Allí donde debía estar España -y no llegó por deméritos propios-, los croatas también padecieron un calvario para doblegar la eficaz defensa rusa. Igualaron un tanto inicial, se pusieron por delante en la prórroga y debieron sobreponerse al golpetazo que condujo a los penaltis. Allí, con una pizca de suerte -la que llevó a la red el penalti de Modric-, Rakiticfirmó la rendición de Rusia.

Tuvieron que remar y mucho los croatas. El plan ruso se hizo bueno con el golazo de Cheryshev, estelar de nuevo. Rusia tiene tradición en resistir frente a rivales superiores, y durante más de media hora convirtieron los pronósticos en papel mojado. No hicieron falta los tres centrales ni las trincheras cavadas ante España. Bastó con bajar el ritmo, obligar a jugar en largo y controlar los centros de Vrsaljko hasta que Denis levantó al país. Lo hizo tras arrancar en el medio, apoyarse en el gigantón Dzyuba y largar un zurdazo imponente que dejó seco a Subasic. Impensable.

El partido estaba en el lugar soñado por los anfitriones, pero en un Mundial tan rácano un error es un tesoro. Una salida mal medida de Fernandes dejó un dos para dos que los centrales rusos defendieron de pena. Nadie molestó a Mandzukicen la internada y Kramaric remató más solo que en un entrenamiento.

La igualada premió a una Croacia desconocida. Poco aparecieron los guías, Rakitic y Modric, taponados en la medular. En el intercambio de pelotazos, Dzyuba es el rey. Suficiente para ganar el descanso sin más sobresaltos.

Sin espacios entre líneas, Modric se retrasó en el segundo tiempo para tomar el mando. Croacia lo agradeció y tomó el mando del encuentro, aunque sin mucha claridad en la llegada. Por eso la mejor ocasión llegó en un globo mal defendido por Akinfeev que cayó a los pies de Perisic en el área. Se perfiló, cruzó y el poste escupió la ocasión. Fue lo último que hizo antes de ser sustituido por Dalic.

Los cambios empeoraron el panorama. Cherchesov retiró a Cheryshev, agotado. Entró Smolov, con buen pie, pero apenas pudo lucirlo porque la prioridad rusa era cerrar espacios. Le dio para generar ruido por la derecha y servir a Fernandes, el mejor futbolista local, que depositó en la cabeza de Erokhin un balón de gol. Remató alto.

El miedo a perder puso plomo al balón. Sólo Modric lo manejó con soltura, aunque encontró poca respuesta entre los suyos. Entró Kovacic para apurar los cambios y segundos después cayo roto Subasic. Tenía que aguantar hasta la prórroga. Smolov le probó en la prolongación. Pero aguantó tras el final y el partido se desató en el tiempo extra. Marcó Vida en un córner bien botado por Modric y mal defendido por los rusos. Y Fernandes, cuando moría el duelo, resucitó a Rusia con otro cabezazo defendido fatal por los croatas. Un desenlace tremendo para un mal partido resuelto en los penaltis. Y allí, los croatas tuvieron fe. Fallaron Fernandes, el mejor de los rusos, y KovacicSubasic justificó su fama atajando a Dzagoev su Panenka. Pero fue Rakitic quien anotó el decisivo. Iván El terrible.