El Ídolo volvió a castigar al Bombillo de la mano de Ismael Blanco y sueña con jugar la final con Emelec en diciembre.

‘La Caldera’ quedó enmudecida. Mientras que la cancha se inclinó durante la mayor parte del partido hacia los azules, la paciencia de los dirigidos por Rubén Israel fue el factor determinante para llevarse los tres puntos del Capwell.

Una vez más, la dosis del Clásico pasado: Christian Suárez e Ismael Blanco. Sin ser de esos jugadores que aparecen durante los 90 minutos, pero cuando lo hacen castigan, Ismael Blanco clavó el balón al fondo de las redes para regalar a los toreros la posibilidad de jugar la final en diciembre.

Un partido raro, por donde se lo vea. Emelec era el que ponía en aprietos al equipo amarillo e imponía la presión y el control del balón; pero en el fútbol se gana con goles, y en eso marcó la diferencia Barcelona.

En la etapa complementaria los dos estrategas hicieron cambios decisivos. Israel mandó al campo a Michael Jackson Quiñónez, y Gustavo Quinteros a Xavier Charcopa. Uno sumó, el otro no. Quiñónez ingresó para retener la pelota y crear jugadas como la del gol en el club amarillo.

Charcopa ocupó el puesto de Brayan Angulo y su entrada no marcó diferencia. Emelec perdió con la salida del juvenil, que fue un constante peligro para los centrales toreros.

La tranquilidad venció al desgaste ayer en el Capwell. Barcelona esperó y halló el camino en un contragolpe. Emelec ve lejano el bicampeonato sin final, mientras el Ídolo tiene entre ceja y ceja la hazaña de la mano de Ismael Blanco.

Tomado de: Diario Expreso