En el mundo de las analogías, Barcelona sería un enfermo que se ha hecho resistente a cualquier medicamento. El estratega Rubén Israel   -el equivalente a un médico-, en una clara muestra de desesperación, probó ayer varios ‘fármacos’ para intentar reanimar al equipo. Pero solo fueron eso, intentos.   

Los amarillos perdieron ayer 1-0 ante Libertad en el estadio Monumental, su segunda derrota en Copa Libertadores. Jorge Recalde marcó el único gol del partido al minuto 78. El equipo paraguayo, que mereció el triunfo, mostró un juego ordenado en todas sus líneas.                    

El uruguayo Israel sorprendió de entrada con variantes específicas. Alineó a Diego Calderón como lateral izquierdo en lugar de Geovanny Nazareno. Por primera vez el uruguayo Andrés Lamas y José Luis Perlaza hicieron dupla en la zaga desde el inicio de un partido. Ubicó juntos en la delantera al argentino Ismael Blanco y al ecuatoriano Marlon De Jesús. Insistió con Alejandro Frezzotti en la primera línea de volantes. Volvió a confiar en el inexperto Gerson Cedeño para que marque la banda derecha.            

Ninguna de estas modificaciones surtió efecto. El cuadro ‘canario’ dejó nuevamente la imagen de un equipo que se siente incómodo en el campo de juego. No puede articular más de tres asistencias consecutivas. La posesión y el control de la pelota se han vuelto inalcanzables. La marca en el medio campo no existe. Las estadísticas son claras en ese sentido. Barcelona tuvo ayer el 48% de posesión de balón, frente al 52% de Libertad, que ejecutó 16 remates al arco. Los ‘canarios’ realizaron 11 disparos a la portería rival, lo que llama la atención es que de esos solo 1 iba dirigido al arco, el resto salieron desviados y no generaron la más mínima preocupación al arquero Rodrigo Muñoz.         

El balance general de estos primeros meses de temporada da una idea de que los ‘toreros’ están lejos de su mejor rendimiento. De los 6 partidos que ha disputado hasta ahora (2 de Copa Libertadores y 4 de Campeonato Nacional), solo ha ganado uno. Registra 2 empates y 3 derrotas. Los resultados empiezan a restarle crédito a Israel.

La hinchada dio ayer muestras de  aquello. Minutos antes de que finalizara el partido -tras el gol de Recalde- un grupo de aficionados recriminó al estratega desde la tribuna oeste, justo detrás de la banca de suplentes.

En medio de insultos, algunos le pedían que dejara el cargo. Otros le reclamaban cosas puntuales, como la inclusión de Geovanny Nazareno en el segundo tiempo, y su incapacidad para encontrar a un lateral derecho de jerarquía que sustituya a Pedro Pablo Velasco, que se encuentra suspendido.

Gerson Cedeño, que ocupó ese puesto, reprobó ayer tanto en la marca como en la proyección al ataque. Sus compañeros tuvieron incluso que llamarle la atención para que templara los nervios y dejara de cometer errores.  
Pero hubo un hecho que dejó más claro aún que Barcelona es, en sentido figurado, un laboratorio de improvisaciones. Cuando Israel dispuso el ingreso de Henry Patta a los 80 minutos, en lugar de Cedeño, le pidió a Frezzotti que jugara de lateral derecho. El jugador, que por naturaleza actúa como volante de marca, acató la orden sin reparos.

Pero como era previsible, Israel defendió sus variantes. Dijo que no se trataba de una improvisación, que cada movimiento que hizo el equipo en la cancha fue ensayado, especialmente los que hicieron los laterales. “Todos los jugadores que llegaron este año al equipo fueron aprobados por el cuerpo técnico”, respondió cuando le preguntaron por qué los nuevos elementos aún no son los refuerzos que él y la afición esperaban.  

¿Cuánto podrá mejorar esta situación en 5 días, de cara al clásico del Astillero de este domingo? Realmente poco. A Barcelona le falta pulir su juego en conjunto para no depender de los destellos individuales de Brahian Alemán, Álex Colón e Ismael Blanco, que ayer debió ayudar a sus compañeros a marcar pese a que su especialidad es hacer goles.

Lo cierto es que a Barcelona le queda mucho trabajo por delante. Así lo entiende Israel.

Tomado de: El Telegrafo