Por Carlos Nahón

Llegué al mundo siendo Barcelonista, el abuelo de mi madre se llamó Alberto March Obiols (nacido en España, oriundo de cataluña, pero Guayaquileño de corazón), intentaré ser los mas breve posible para los que no conocen nada de la historia o no la han leído:

«Un 1ro de mayo de 1925 un grupo de jóvenes aficionados al fútbol del barrio del Astillero en la ciudad de Guayaquil se dieron cita en la casa del catalán Don Eutimio Pérez para darle vida al BARCELONA. Junto a Pérez Arumí, estaban personas como Juan Domech, Gago Peré, Victoreano Areteaga, Pablo Peláez, Valentin Sala, Alberto March, en total si no me falla la memoria de los datos que me han transmitido eran 31 personas entre jóvenes y viejos quienes se convierten en los primeros socios de este querido club» 

No pude disfrutar de la era de la idolatría con los grandes equipos de los años 50, tampoco vi jugar al Pibe Sánchez, Pelusa Vargas, Pajarito Cantos, Chuchuca o Guido Andrade, pues nací en 1975. Pero, del Barcelona Sporting Club se lo mismo que se de mi familia.

Desde los años 80s he visto jugar a mi equipo, he disfrutado de las alegrías y también he sufrido con los momentos tristes. 

Me duele Barcelona en lo más profundo del alma por su equipo y su camerino que creo no sienten la divisa (puede que no todos). Un profesional debe ser siempre responsable por la tarea a la que se compromete. Eso no lo entienden los mercantilistas jugadores que firman un contrato y no se nutren de la historia del club ya sea por que no les importa conocerla, o por que no les hablan de la misma los que están comandando hoy el barco llamado Barcelona. 

En mas de una ocasión he podido hablar con el padre de alguien a quien yo estimo como lo es Simón Cañarte, su padre y su tío futbolistas de garra y coraje de antaño, para no hacerles una novela, yo exponía (se suponía) con argumentos la tesis del negocio del fútbol moderno, y recuerdo el grito con arrechera e indignación (no envidia) «Carlos, antes hijo se jugaba y se sudaba solo por la camiseta, si ahora ganan como estrellas su obligación es matarse en la cancha» -palabras con honor-

Mi amigo querido Don Ricardo Vasconcellos hoy me escribía «Es triste pero cierto, en Barcelona hay que cambiar todo menos el nombre. Barcelona debe volver al Astillero. No quiere decir que se cambie al barrio sino que resucite el espíritu bravío del barrio; que resurja el alma indomable que lo hizo grande y lo hizo ídolo»  son palabras con profunda verdad…

No voy a escribir nada mas, pero ojalá que alguien le recuerde al profesor Rubén Israel y a los jugadores que el convoque para jugar el clásico del astillero (por cierto, el partido mas importante para los Barcelonistas), que a ese partido no se va a experimentar, ni a probar, peor aún al CLÁSICO NO SE VA AHUEVADO. 

Devenguen su sueldo sudando la camiseta, jugador que no se sienta capaz de dejar la vida en la cancha dígaselo al director técnico, respeten a nuestra hinchada, respeten nuestra historia.