Los Clásicos del Astillero son impredecibles. Quedan un par de días para que Emelec y Barcelona se vuelvan a ver las caras tras la final de diciembre. Será un clásico donde los contextos de ambos probablemente marquen puntos determinantes. Será un duelo de polos totalmente opuestos: Quinteros y el adiós a su ‘maquinita’ frente a  Israel y su mar de dudas. Esta vez el viejo estadio Modelo será campo de batalla, un reducto que volverá a tener este duelo de titanes luego de 10 años.

Barcelona sigue en una zona de apagón. Las luces de antes no se encienden. El medio campo genera poco juego y los delanteros parecen distraídos. Además, si los defensores tienen errores  groseros, la caída se hace inminente. Emelec está prendido, jamás se desconecta. Al menos, eso intenta en todos los partido. Marca, concentración y más marca. Después, juego rápido, a un toque, con velocidad y precisión. La idea es la misma con el equipo base que logró el bicampeonato. Todos intentan. Todos van y vienen.

¿Rubén Israel….? carente, desaparecido.

En el barcelonismo existe un auténtico pánico  por sufrir un revés en el duelo inmortal. El uruguayo Israel, más discutido que nunca al haber perdido la confianza del Monumental, sabe que gran parte de su estancia en el club canario dependerá de lo que haga su equipo en el Estadio Modelo.

Este Barcelona es diferente al del año pasado que, quizás con menos ‘quilates’, mostró una mejor versión. El equipo ganador de la segunda esta del 2014 nunca fue lúcido, prolijo, de buen toque, sin embargo siempre mostró la brújula adecuada para sacar los partidos adelante. Tenía espíritu, rebeldía y garra. Las individualidades funcionaban.

La ironía se pone de manifiesto en el club amarillo. Tras haber caído en la final, ante el mismo rival que enfrentarán este domingo, la directiva del club armó un plantel con el que propios y extraños soñaban con tener una gran temporada. La participación en la Copa Libertadores y el inicio de un campeonato ecuatoriano que les ofrecía revancha, ilusionaban al mundo Barcelona. Pero las esperanzas se están dilatando.  Ni en el club, ni en la afición, viendo el juego del equipo, apuesta ahora porque Barcelona sea capaz de lograr una participación decorosa en la Libertadores.

 El campeonato aparece como única tabla de salvación para una plantilla y un cuerpo técnico que esperaban vivir mejores días a inicio de esta temporada.

Los números son pésimos para Rubén Israel en este 2015, pero más allá de aquello, el juego mísero que práctica su equipo es un atentado a un club que maneja un alto presupuesto y que aspira estar en la cúspide del balompié nacional. Este cuadro amarillo da la impresión de que si recibe un gol no tiene cómo remontarlo. La táctica, las ideas, las estrategias, la visión, los conceptos, siguen sin existir.

Pero lo hermoso del deporte rey es que siempre da revanchas y Barcelona debe de tomarse la suya. Más allá de los malos recuerdos que le trae volver a enfrentar a Emelec, el equipo torero tendrá que buscar un resarcimiento por la actualidad que vive el club, para tomarlo como punto de partida y así despertar del profundo letargo en que están. En el barcelonismo es necesario un resultado favorable en duelos de esta trascendencia para tomar un viento que lo encamine a una ruta mejor.

Quinteros: Nostalgia con satisfacción

El gran rendimiento logrado en las últimas temporadas posibilitó generar en el emelecismo un pensamiento casi perfecto. Cada encuentro que disputa el cuadro azul deja las sensación de que solventa sus partidos con personalidad. El favoritismo azul se manifiesta en casi todos los estadios del país. ¿Por qué? Emelec es un equipo de perfil bajo y con los pies sobre la tierra, que sabe cómo y cuándo subir los decibeles. Es un equipo donde cada jugador conoce las fortalezas y debilidades de sus compañeros. La visión, la identidad, el patrón de juego fueron bien implantados por Gustavo Quinteros.

El entrenador argentino es el insigne creador de este equipo. Quizás y algún cimiento quedó de los Sampaoli, Perrone y compañía. Pero este Emelec es de Quinteros y de nadie más. Su estilo de juego y su filosofía llevó que el hincha eléctrico contemporáneo sepa porqué a su equipo le llaman el ‘ballet azul’.  El baile en la final ante el mismo Barcelona mostró la categoría pudo implementar el estratega argentino-boliviano a base de mucho trabajo, dedicación y esfuerzo.

El cuadro eléctrico no es tan numeroso, pero tiene nombres propios y jugadores que cuentan con las características adecuadas para que a Gustavo se le haga fácil elegir al mejor equipo posible, teniendo en consideración la doble competencia que representa jugar la Libertadores y el torneo local.

Miller Bolaños, Enner Valencia, Angel Mena, Oswaldo Lastra, Oscar Bagüi entre otros, son los jugadores que mayormente aprovecharon la gran capacidad que implantó Quinteros para formar ese equipo compacto que es muy difícil de quebrantar.

Por ahora Emelec sigue saboreando la miel del triunfo. Más allá que en el campeonato no haya podido despuntar, su gran pasar por la Copa Libertadores da un sensación que este equipo finalmente logró la madurez necesaria para terminar una temporada alzando más de un título.

Dos campeonatos nacionales, cuartos de final en Copa Sudamericana, 84 partidos ganados y 282 puntos, son los registros mayores que reflejan, hasta ahora, el gran paso de Gustavo Quinteros por Emelec.

En el Clásico será el momento en que tocará decir adiós, la nostalgia inundará a la fanaticada azul. Se les va uno de los mejores directores técnicos que han tenido en su historia, pero les queda la una estructura sólida para seguir soñando.

El Astillero está más encontrado que nunca. Todo aleja a ambos equipos, empezando por los números y terminando por el rendimiento. Pero clásicos son clásicos y la última palabra siempre se termina dando cuando el árbitro dictamine el final. Serán 90 minutos frenéticos donde los equipos más importantes del país tendrán la chance de adherir una nueva página al historial. Todo está listo, a disfrutar del espectáculo.