Barcelona está falta de hambre, de actitud, de intensidad, etc. Eso, más allá de los resultados, fue la lectura más negativa de la derrota ante Libertad. No es la primera vez aunque, dicen desde el club, el equipo está en un momento valle de preparación futbolística. Puede ser. Pero lo que es evidente es que el hambre que se mostró en el segundo tiempo ayer en el Monumental debía haber aparecido en la primera parte. Posiblemente así se hubiera evitado tremendo disgusto. Pero el equipo Rubén Israel no tiene la orientación necesaria para poder salir con un norte definido.

Para quien esto escribe, además de los errores que comete el entrenador uruguayo, también se trata de una cuestión de los jugadores. Al final, son estos los que deben mantener el apetito, la ilusión, las ganas. Son profesionales demasiado bien pagados como para que dependan del látigo o del diván de un tercero, según los gustos. Y son los primeros que deberían darse cuenta de que, más allá de la Copa, están en el momento y en el lugar adecuado para hacer historia. Pero lamentablemente aún no lo absorven, pero no hay dudas que el fútbol en todo sentido da muchas vueltas.   

Los reveses se pueden solucionar con una actitud y aptitud diferente, para eso todos deben de poner de su parte. Muchos culpamos directamente al entrenador, pero no todos concientizamos que los éxitos se trabajan en equipo.

El plantel tiene que rendir en lo individual y en lo colectivo, Israel es comandante de este ‘titán’ llamado Barcelona. Su táctica, su estrategia, su visión y su planificación más la predisposición de los jugadores podrán sacar de este bache al club Ídolo del Ecuador.

La desesperación de ver un equipo empeorado inquieta a todos. Las críticas han sido necesarias. El plantel sabe la trascendencia de este club y debe asimilarlo como tal para poder dar un golpe de autoridad el próximo domingo o de lo contrario las piezas se moverán. ¿Habrá redención o será necesario ir al purgatorio?

La cuerda floja está hilvanada .  . .