Barcelona no vive sus mejores días en estos meses del 2015. Los resultados negativos y el mal funcionamiento del equipo desatan más de una preocupación.

Tras haber ganado la segunda etapa del año anterior, las aspiraciones en esteaño son superiores. Ser segundo no es una opción.

El mercado futbolístico es tan demandante que solo los que tienen una gran solvencia pueden hacerse de los mejores jugadores. Este no es el caso del cuadro torero, por ende siempre se buscan estrategias importantes para poder obtener ganancias y así rearmarse con jugadores más genéricos.

El triunfo final en el segundo semestre del 2015 fue guiado en un gran porcentaje por individualidades específicas. Ismael Blanco, Cristian Penilla, Christian Suárez, Michael Jackson Quiñónez, y algún otro, plasmaron un juego vertiginoso, con mucho ímpetu y velocidad,  gracias a sus cualidades futbolísticas. En el mediocampo se consolidó Álex Bolaños y convirtió en un guerrero amarillo para cortar cualquier avance del equipo rival. El cuadro de Rubén Israel, con tropezones y todo, caminó con un norte bastante definido hacia la obtención de la mencionada segunda etapa.

Barcelona para el 2015 se quedó sin varias de estas piezas importantes para el desempeño futbolístico del equipo de Israel. La dirigencia vendió a alguno, no pudo retener a otro, pero trató de armar un equipo competitivo para esta temporada. Contrató jugadores quizás aún mejor que los que se fueron.

Los fichados fueron Tito Valencia y Henrry Patta por Penilla, Álex Colón por Quiñónez, Marlon De Jesús por Suárez, Frezzoti y Minda por Bolaños, Lamas por Franco Peppino (defensa que al final tuvo un rendimiento aceptable).

Tras las dudas que deja el funcionamiento del plantel en este inicio de temporada. Surge la discusión sobre el tema si los jugadores que llegaron son verdaderamente refuerzos y coparon los vacíos que dejaron los que emigraron.

Sobre este tema abrimos un debate en el barcelonismo y un 55% de algún sector de la hinchada del Ídolo expresa que los jugadores que salieron son mejores de lo que llegaron, mientras que un 35% da mayor valor a los que llegaron y un 14% dice que las altas y bajas de Barcelona en esta temporada no han marcado transcendencia.

La discusión está abierta. Los jugadores que salieron ya están fuera del club. Y los que están merecen todo nuestro apoyo, mientras hagan las cosas correctas, para que puedan rendir y muestren esa calidad po

Barcelona, como el fútbol en general, es impredecible. Los jugadores que vistan la piel amarilla tienen que saber el porqué de vestirla. Barcelona es un fenómeno social donde de héroe puedes pasar a villano o viceversa. El poder de mostrar sus cualidades está en los pies de los jugadores. Serán ellos quienes se condenen o endiosen.