Barcelona sigue sin encontrar el rumbo. Suma un solo triunfo en 7 partidos. Su desempeño futbolístico es bastante pálido. Tanto en el campeonato y en la Copa Libertadores las chances se dilatan.

La diferencia con el líder del torneo local es de 10 puntos (tiene un partido menos), y en el torneo continental, –torneo corto que no acepta errores-, el panorama es peor aún tras haber caído en la dos primeras jornadas.

La situación es incontenible. La paciencia del hincha amarillo está casi agotada, solo el inmenso amor a los colores hacen que el optimismo se mantenga.

La pregunta es, ¿Quién es el culpable del mal momento que atraviesa Barcelona?

Cuando hay problemas está claro que algo está funcionando mal y que hay responsables directos e indirectos de lo ocurrido.

Tras un 2014 aceptable, donde Barcelona se quedó en las puertas del título. El 2015 aparecía con un cartel con letras mayúsculas “QUEREMOS REVANCHA”.

La DIRIGENCIA amarilla, liderada por el presidente Antonio Noboa, empezó una gran operación en busca de los mejores refuerzos para una temporada que también incluía participar en Libertadores.

Nombres como Tito Valencia, Andrés Frezzotti, Henrry Patta, Álex Colón, Brahian Alemán, aparecieron en la web oficial del club en el anuncio que los anunciaba como nuevos jugadores toreros. Además, se anunció la renovación de Ismael Blanco.

Los líderes encargados de la parte administrativa del club, cumplieron (en parte). Ficharon a casi una docena de jugadores de buen nivel. Pero el ‘contra’ para la dirigencia fue el no haber retenido a jugadores importantes como Cristhian Suarez, Álex Bolaños, MJ Quiñónez, entre otros.

Tal cual lo dijo el día de ayer el arquero Damián Lanza: “Cuando cada año cambias tantos jugadores es imposible poder armar un equipo, todos esos cambios complican y perjudican al DT”, esa es la realidad, por ahora. Una de las sensaciones que da el mal momento del Ídolo es que el exceso de fichajes perjudica al Ídolo.

Por otro lado está el DIRÉCTOR TÉCNICO, Rubén Israel, un entrenador que llegó con perfil bajo a diferencia de Carlos Ischia en el 2014 y pudo lograr algo que hasta agosto era casi imposible: ganar la segunda etapa y meterse en la final.

Desde el primer día el entrenador uruguayo mostró su capacidad de trabajo. De a poco le devolvió el autoestima a un equipo que vivía ‘derrotado’. Recuperó la confianza del plantel, rescató el nivel de varios jugadores y encaminó por la senda del triunfo al Ídolo hasta el final de la etapa. Mucho sacrificio, garra y resultados buenos pero poco fútbol.

Ese buen andar en la segunda parte del 2014 ilusionó muchísimo al hincha amarillo para que le de toda su confianza al estrega uruguayo de cara a la actual temporada. Pero, lamentablemente, ese apoyo no ha sido retribuido.

Rubén Israel se ha visto bastante impotente, con poca capacidad para darle la luz que el equipo necesita en momentos complicados de los encuentros. Su táctica, su identidad de juego, su visión, su mano, por el momento no se ha podido evidenciar. El equipo que ha plantado en este 2015 siempre se mostró estéril e incompetente. Su planteamiento no termina de convencer.

El jugar siempre a no ganar desquicia al barcelonismo que sueña con un equipo competitivo ante cualquier adversario y más teniendo a jugadores de grandes características. Ojo, igual lo del ‘plantel nuevo’ es un punto a favor para Israel.

Y para finalizar están los JUGADORES. El plantel de Barcelona es, quizás, el más rico del fútbol ecuatoriano, por el nombre y por el precio de su valor.

Nombres, nombres y nombres. Nada más que eso. Casi en su totalidad, los 11 jugadores toreros que salen en cada encuentro, deambulan como almas en pena. Su improductividad se ve reflejada en los resultados. Ni el vértigo, ni el regate, ni la solides, ni el gol, ni el encare, ni el buen dominio de balón, ni el remate. Nada. En la mayoría de los encuentros tanto los que salen como estelares y los que entran en la variante han lucidos infértiles. Su aporte ha sido nulo y el equipo vive bajo la sombra de los malos resultados.

“Los jugadores de Barcelona son muy lentos, el problema no es el técnico si no los jugadores, si ellos pusieran corazón fuera muy diferente, el mal está en los propios jugadores”, expresó el legendario Clímaco Cañarte. Palabras tan ciertas para algunos, tan distante para otros, pero que abre un interrogante final. ¿El mensaje de Israel no es el adecuado o a su vez los jugadores no saben o no quieren interpretarlo?