Autocomplaciente, cansado e inestable, el equipo dirigencial de Barcelona es un mar de dudas desde que ganó el campeonato 2012.

Barcelona nunca tuvo un proyecto sólido de futuro. Desde la salida de Isidro Romero en Barcelona llegó una sucesión de presidentes con estilos diferentes y variaciones marcadas, una situación que impedía el aprovechamiento de asentar un mismo proyecto de futuro que dure años.

Barcelona necesita cambios, sin dudas. Uno de los cambios más significativos es tomar un nuevo rumbo de la política de fichajes. No debe de primar la imagen y la cotización, ni la influencia de ciertos sectores dedicados a vender jugadores.

Necesitamos una nueva singladura. Cómo para citar un ejemplo de lo que es saber manejar un club grande obteniendo un superávit y no un déficit, podemos nombrar a Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid.

Un dirigente triunfador, con una gran visión a futuro que se preocupa más por el proyecto deportivo. Aunque mantiene su motivación económica, siempre mira más por los intereses del entrenador y del juego. Invierte en jóvenes promesas de cara al futuro que puedan triunfar en el Madrid durante muchos años, además tiene buen ojo para casi siempre fichar al jugador adecuado que ha aportado rentabilidad y fútbol al club.

Lo de Florentino, lamentablemente, es un contraste con los últimos mandatarios del Ídolo, donde casi siempre el panorama se convierte en desolador, con varios jugadores Estrellados, con sucesivos episodios de máxima gravedad. Y con varias autoridades de riña en riña entre sí.

Queremos un pacto real y sin titubeos para rescatar de inmediato a Barcelona SC que pide a gritos una catarsis total. Si alguien no interviene, mañana puede ser demasiado tarde.