Luego de cinco derrotas consecutivas, el Ídolo derrotó a Deportivo Cuenca y salió de las últimas posiciones de la tabla.

Tuvo que pasar un mes para que la fanaticada de Barcelona vuelva a sonreír. El triunfo 2-0 que el Ídolo logró ayer en su estadio ante Deportivo Cuenca le devolvió la tranquilidad, en un momento en que la presión amenazaba la estabilidad del equipo, y principalmente la de su técnico.

No fue un buen partido de los amarillos, incluso se puede asegurar que el nivel del equipo bajó, en relación al mostrado ante el Atlético Nacional por la Copa Libertadores de América, pero se sumaron tres puntos y en este momento es lo más importante.

Los hinchas, que media hora antes del pitazo inicial no llegaban ni a los 2.000 (finalmente superaron los 10.000) salieron felices con el resultado, porque dejaron atrás cinco jornadas en las que solo conocieron la amargura de la derrota, en Campeonato Nacional y en la Copa Libertadores.

La obligación de ubicar a un juvenil, que no ha justificado su presencia en el once abridor, hizo que el técnico Rubén Israel pase 45 minutos sin contar con un jugador que le dé salida por la banda derecha.

El fútbol que Brahian Alemán generaba no encontraba respaldo en la delantera. Ismael Blanco era fácilmente absorbido por la recia defensa visitante, que podía referenciar sin problemas la marca de un solo jugador de nivel.

Apenas cuatro llegadas de relativo peligro, tres para los locales y una para los azuayos, resume lo sucedido dentro del terreno de juego en los primeros 45 minutos.

Un grupo de aficionados se ubicó arriba del ingreso al camerino local. Lo hizo al final del primer tiempo y antes del reinicio de las acciones, para exigirle más entrega a sus jugadores y correctivos inmediatos al entrenador.

Israel le dio ingreso a Ely Esterilla y comenzó a inclinar la cancha hacia la portería defendida por Hamilton Piedra. Paúl Vélez mantuvo su once abridor, que con poco o nada se estaba llevando un empate.

Carlos Garcés tuvo la opción más clara, sin embargo no atinó a definir bien ante el achique de Máximo Banguera.

El gol de Esterilla, aprovechando una jugada de laboratorio, le dio al Ídolo la herramienta que necesitaba para abrir la aplicada zaga cuencana. Desde ese momento contó con los espacios que necesitaba para consolidar su juego.

Cuando Marlon de Jesús puso la segunda, los barcelonistas cantaron con más fuerza; era una señal de reconciliación con un equipo que ha pasado malos momentos y que ayer pudo haber encontrado el punto de partida hacia su recuperación.

Israel admitió que «aún quedan muchas cosas por corregir», especialmente en la «contundencia y la solidez ofensiva», aprovechando lo bueno que se hizo ayer.

Tomado de: Diario Expreso