El fútbol es de momentos. Hoy eres héroe, mañana villano. Los elogios muchas veces se trasforman en insultos y viceversa. La única línea para mantener la felicidad son los triunfos, independientemente de cómo los obtengas.

Barcelona es un club donde, generalmente, no tienes margen al error. Y si lo tienes debe de ser por corto plazo.

Cinco derrotas consecutivas. En el campeonato y en la Copa, la palabra triunfo y el equipo de Rubén Israel se habían divorciado. Era preocupante.

Los malos resultados iban de la mano de un pálido desenvolvimiento futbolístico. Las críticas eran fuertes hacia el plantel. Sin embargo, todos mantuvieron la cordura.

Minuto a minuto, paso a paso. Barcelona iba mejorando con el pasar de los partidos. Las sensaciones de que se vendrían días ya no tan oscuros dejaban de ser una utopía.

Llegaba el Deportivo Cuenca y la historia empezó a dar un giro de 180 grados. El triunfo ante los morlacos marcó un antes y después para el Ídolo del Ecuador.

El fútbol evolutivo que se había notado aún en las derrotas, empezó a vincularse nuevamente con la victoria. De ahí en más, Barcelona enfrentó a Atlético Nacional, Muschuc Runa, Universidad Católica y Aucas. Cuatro partidos, 12 puntos….puntaje ideal, juego progresivo.

Si bien es cierto, el triunfo sobre Cuenca fue fundamental, creemos que la victoria en Colombia fue el punto de partida para esta recuperación marcada del cuadro que dirige el entrenador Israel. Las derrotas ante Estudiantes, Libertad y el propio Atlético Nacional, dos de ellas en casa, desestabilizaron en lo emocional al plantel. Por eso era clave dar un gran golpe de autoridad en el Atanasio Giradot.

A partir de todo lo mencionado, Barcelona avanza y a paso firme. Rubén Israel trabaja y le ha dado una fisonomía diferente al equipo. Las individualidades le han aportado mucho.

El gran nivel de jugadores antes criticados y los ya consagrados han facilitado la notable alza. Matías Oyola, el alma. Brahian Alemán, el motor. Ismael Blanco, solidario, asistidor y goleador. Ely Esterilla, explosivo y letal. Pedro Pablo Velasco y Geovanny Nazareno, futbol ascendente: marca y desborde.

Grandes puntos de inflexión para pasar del letargo a la ilusión.