OPINIÓN. 

Desde los atacantes, con la presión y la incomodidad para su rival para la salida del balón, hasta su retaguardia, firme como casi nunca, pasando por el centro del campo, de suma consistencia con la reaparición de Oswaldo Minda. Ese fue el ‘partido perfecto’ del Barcelona de Guillermo Almada donde la goleada fue el bonús track de la historia.

Hoy todo es reflexión. El equipo volvió a caer y de forma indiscutible. Los errores de la primera fecha no se corrigieron cuatro jornadas después. El equipo presiona pero no molesta, comete errores conceptuales. Se volvió a lo de antes.

El partido ante Universidad Católica solo sirvió de un espejo para que este Barcelona se vea y analice que no está para competir con equipos bien estructurados y peor si de altura se trata porque su entrenador ha demostrado abiertamente que la respeta, y, mucho.

Pero más allá de los cuestionamientos para el entrenador por su irregular trabajo. Acá hay un punto que debe de ser tocado y es precisamente el de los jugadores, los que menos protagonismo tienen pero que son, quizás, los principales antagonistas.

Está claro que para enrumbarse con firmeza hacia la obtención de un título,  lo colectivo es la prioridad por encima de cualquier individualidad. Y en Barcelona ocurre lo opuesto.  Creemos, por la forma de trabajo del entrenador, que para él esto es una cuestión innegociable, sin embargo es lo que menos tiene.

Acá son pocos los que cumplen el rol que le otorgó su técnico. Hay un caso muy significativo. Damián Díaz (contratado como la máxima figura) fue un jugador fundamental la temporada 2012 y en esta ha desaparecido por completo. Su vuelta, que preparó bien, creó ilusión. Pero se va constatando que durante su paso por Medio Oriente decayó mucho su nivel. El «kitu» muestra mucho dinamismo pero para sí mismo; deberá resarcirse para ser el guiador de siempre al que se idolatra.

Otros ‘pesos pesados’ que se muestran muy intermitentes y con poco sentido de juego en conjunto son Cristian Penilla y Ely Esterilla. El primero,-pese a su desenfreno descontrolado-, ha cumplido, el segundo defrauda cada día aún más.

El jugador que llegó proveniente del Santos de México es el punto más flaco que ha mostrado esta versión de Barcelona 2016. Esterilla cada vez que tomó el balón o lo regaló al rival o decidió encarar, luego hacerse un ‘autopase’, luego rematar. Todo bajo su premisa de ser el único protagonista en el ataque.  Algo parecido ocurre con Cristian Suárez, que deberá perder masa muscular si quiere volver a ser el dueño de alguno de los cupos de titular en el equipo.

Los laterales y el arquero son un punto y parte. Ni Pedro Velasco por la derecha, ni Mario Pineida por la izquierda han mostrado estar aptos para  ser titulares por las bandas…. pero, es lo que hay. Ambos son jugadores de grandísimas condiciones, si, es cierto. No obstante sus participaciones han pasado desapercibidas en todos los cinco partidos de la temporada. Velasco es el que más números rojos presenta. Mientras que Máximo Banguera sigue siendo el mismo, el de las masas, el de la tribuna, el del camerino, el que vuela y se luce un par de veces pero que lamentablemente tiene particularidades, -ya muy bien conocidas-, que ningún entrenador  puede apreciarlas, o más bien analizarlas y tomar así correctivos. Creemos que si lo hacen su titularidad estará en duda.

En el medio campo parece haber llegado la calma mientras vuelve el jefe, Matías Oyola. Tanto Richard Calderón y Oswaldo Minda,- el mejor jugador de los últimos partidos-,  han mostrado un rendimiento  aceptable que deberá ser mejor estructurado en los próximos duelos. Ambos tienen que concentrarse en mejorar el corte de fútbol de su rival y pasar con mayor precisión la pelota.  Además deberán de ganar en velocidad para desgastarse y cumplir con las libertades que dejan por los costados sus compañeros de poco sentido de colectividad.

Como para no perder la costumbre en este último partido la defensa cometió errores que fueron el punto principal, -según Guillermo Almada-, para que Barcelona sume una nueva derrota en Quito. Y sí. Hoy se volvió a ver una floja versión de Gabriel Márques, que  aún no termina de cuajar, y a un Darío Aimar con limitaciones propias de su juventud.

Difícil discernir, acaso para ellos mismos. Hay que fijarse metas. Los golpes en el comienzo del camino, duelen pero enseñan. Esos mazazos deben de ayudar para seguir creciendo. Para construir lo que terminará siendo: una devoradora gloria. Lo que también tendrá su precio. La consecución excluye al azar como factor. El reclamo por los errores de la defensa tapa la conspiración contra sí mismo. Este Barcelona fatalista y autodestructivo debe mirar hacia adentro.