OPINIÓN. 

La Universidad Católica dejó a Barcelona en carne viva. Son muchas las heridas que dejaron abiertas y todas ellas escuecen. El club amarillo es una bomba de relojería. Un polvorín. Hay focos de tensión en el barcelonismo que se han avivado con la derrota en Quito.

Los principales señalados son los jugadores y Guillermo Almada. El entrenador ya está en el punto de mira de los hinchas toreros, al igual que los futbolistas. Lejos de unirse para afrontar una situación poco sólida, se cruzan en contra de la prensa.

En poco juego mostrado en estas cinco fechas ha provocado ciertas  pitadas para todos y gritos desde las tribunas y sobre todo desde las redes sociales.  Palabras mayores para un técnico que ya gastó el comodín  para sofocar la primera rebelión de finales del año pasado. Ahora sólo queda subir la música al final del partido para combatir el malestar de una grada cansada de irregularidades y decepciones de un equipo que no reacciona desde que llegó en junio.

Ciertos jugadores también están en el ojo del huracán, la grada los señala como responsables de este nuevo inestable inicio de semestre que de mantenerse se puede acabar en blanco.

Ely Esterilla, Máximo Banguera y Cristian Suárez son los principales apuntados. Los dos primeros en mayor grado.

El joven que llegó desde México se complica por su individualismo y aporta muy poco al juego en conjunto, tiene calidad como extremo por la derecha pero mientras mantenga su yoísmo tan sólido como un hielo no podrá despuntar. Mientras que el arquero, ayer volvió a mostrar esas particularidades nefastas que lo han tenido como gran protagonista de muchas críticas a lo largo de su estadía en Barcelona; su experiencia no le ha servido para eliminar esos contrastes marcados que han hecho que aparezca en un partido como el héroe y en otros  como villano, el que desquicia al barcelonismo.

El ‘chivo’ es un caso aparte. Él puede y tiene mucho aún que dar para el equipo, es jugador con muchísima jerarquía que llegó para mejorar la ofensiva; su situación pasa por su mal estado físico que termina condenándole.

Se espera una semana dura, complicada, de reflexión. Todos deberán asumir sus propias culpas para volver al triunfo y finalmente convencer a una hinchada que está ávida de buen fútbol.