Anoche falleció el exjugador y exgloria de Barcelona Sporting Club, Juan ‘Zambo’ Benítez, a los 86 años de edad producto de una grave enfermedad.

Hoy, Barcelona publicó en su cuenta de Twitter el anuncio de su fallecimiento.

¿Quién era el ‘Zambo’ Benítez?

Los hinchas más veteranos del balompié porteño lo recuerdan como uno de los zagueros más corajudos y valientes de la historia. También por su calidad sin discusiones y la fiereza de su marca, aspectos que lo hicieron ganar el respeto de sus adversarios, reseña el columnista de EL UNIVERSO, Ricardo Vasconcellos Rosado, en una nota publicada el 7 de abril del 2013.

Juan Benítez Pareja es uno de los cracks a los que Barcelona le debe su idolatría. Por jugadores como él, aquel Barcelona modesto, que venía luchando por no descender en tres campañas sucesivas, que fue ubicado en el grupo B de la primera serie del fútbol amateur de Fedeguayas en 1946, apareció un año después pleno de bríos y de clase.

Benítez, a quien apodaban Zambo en su barrio de Sucre y Boyacá, parecía no estar destinado a ser futbolista. Tenía clase para todos los deportes, pero en su colegio, el Cristóbal Colón, lo llamaron para que integrara la selección de básquet. Assad Bucaram lo hizo firmar por el Athletic Club. Allí estaba cuando sus amigos lo convencieron para que integrara el Juvenil España, un equipito del astillero que dirigía el legendario Rigoberto Pan de Dulce Aguirre. En las ligas de novatos empezó a deslumbrar. Marcaba bien, salía jugando con el balón y la cabeza levantada, buscando al compañero mejor colocado.

El querido Zambo estuvo en todas las grandes gestas de ese equipo que se metió en el alma popular y que junto a su rival de barrio, el Emelec, alumbraron el único duelo del fútbol ecuatoriano: el Clásico del Astillero.

Se retiró temprano porque de ese profesionalismo pobretón no se podía vivir. Se jugaba solo por el amor a la divisa, porque los escasos sucres alcanzaban apenas para el seco y la cola. Luego se graduó como ingeniero en Rusia. Dejó en nuestro balompié una huella profunda. Contribuyó como pocos a la forja de un ídolo y únicamente cosechó fama que se fue perdiendo luego, cuando llegó un periodismo insensible y poco ilustrado con una consigna: solo sirve el hoy, el pasado y la historia son un lastre. Una consigna que consagró la ignorancia.

Tomado de: Diario El Universo