Cada vez que Damián Díaz aparece, cambia la cara. Las pocas veces que se lo propuso hizo jugar a todo Barcelona. Los de Almada necesitan un 10, un enganche, un conductor. Llámalo como quieras, pero con alguien que genere juego. Barcelona no juega mejor, llega poco y, lógicamente, no tiene muchas posibilidades de ganar (más en la altura).

Eso fue lo que quedó claro en el partido del domingo en el Bellavista ante Mushuc Runa. Los toreros tuvieron ganas,  voluntad, no hubo un solo jugador que no pusiera garra, que no corriera. Pero no se trata de eso. No solamente de eso. Al equipo le faltó juego, no logró llegar al área rival con jugadas claras, aunque intentó. Este conjunto de Guillermo Almada siempre intenta. Pero no siempre sale. Y a la hora de buscar qué pasa, hay varios motivos. Contar con un conductor es una de las principales.

A veces las lagunas del cuadro amarillo son tan alarmantes tanto que pareciera que no se sabe muy bien qué hacen. Está claro que el principal problema que tenemos, es propio: la falta de más situaciones, y, claro, de concretar lo que se genera (ayer se erraron las pocas que se tuvieron).

En el campeonato, ganar de local genera tranquilidad, principalmente a los dirigentes que esperan que en el próximo partido la hinchada acuda en mayor número,  pero también hay que responder de visitante. Sin temor y exceso respeto a los relieves geográficos.

 Ojalá el equipo gane en juego y concrete las llegadas, para evitar resultados que crean cierta inconformidad, y armar un buen equipo para el tramo final de la etapa. Al equipo le falta, pero hay material, hay jugadores y cuerpo técnico. Si hay que armar el equipo, que perder algunos puntos, mejor ahora, y que en lo que viene, aparezca, de nuevo, el más campeón de Ecuador.