Escrito por: Ricardo Vasconcellos R.

Barcelona Sporting Club tendrá que hilar muy fino para afrontar la catástrofe económica por la que atraviesa. Según la actual directiva, la deuda del equipo más popular del país podría llegar a los $ 37 millones, suma que nos parece imposible de cubrir dadas las condiciones actuales de nuestro balompié.

¿Cómo se arribó a esta astronómica deuda si Barcelona genera importantes ingresos por concepto de taquillas, publicidad, auspicios comerciales, derechos de televisión, etcétera? La primera de las razones reside en el desgobierno institucional desde hace ya muchos años, los presupuestos irreales, el ningún control por parte de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) sobre las finanzas de los clubes, el derroche en contrataciones de jugadores nacionales y extranjeros –cuyo rendimiento hace dudar si en realidad jugaron alguna vez al fútbol–, la complicidad de algunos dirigentes que obviaron auditar las cuentas de sus antecesores para establecer responsabilidades, el ocultamiento de los presupuestos anuales, la connivencia de los socios que aprueban movimientos financieros millonarios presentados en una hoja sin siquiera leer los informes.

Podríamos seguir apuntando las causas del desastre financiero de Barcelona, que ha llegado al punto de iniciar una colecta pública que parte del aporte popular desde 50 centavos. Una erogación de esta naturaleza no veíamos en el país desde el terremoto de Ambato en 1949 o el desastre de La Josefina en 1993. ¿Cuántos futbolistas extranjeros trajo Barcelona desde el inicio del siglo XXI hasta hoy y cuánto debió pagar en primas y sueldos, aparte de los juicios planteados por esos jugadores en los que el club siempre pierde?

Sería interesante que los actuales directivos, en un alarde de transparencia, revelen los nombres de esos ‘paquetes’, el costo del desatino y a qué dirigentes hay que sindicar. Si eso no ocurre será muy complicado que los seguidores canarios acepten unirse a la colecta y pagar la negligencia de los que feriaron el dinero que estaban obligados a cuidar celosamente.

El derroche más simbólico es el incurrido en la contratación de Rolando Zárate, cuyo costo sobrepasa con largueza los $ 2 millones ($ 900.000 por el pase y $ 1,6 millones por indemnización). Zárate fue presentado como el goleador destinado a convertirse en salvador torero. Impresionados por el currículum del argentino y la labia de los representantes –más los videos trucados que suelen cargar en sus maletines–, los incautos dirigentes pagaron lo que pedían.

Zárate se convirtió en la más grande estafa en la historia del fútbol ecuatoriano. En tres campañas había jugado en cinco equipos y había marcado tres goles. Antes de venir a Barcelona, en la temporada 2007-2008, con River Plate, apenas estuvo en un partido en la alineación inicial e ingresó como sustituto en otros nueve. El ‘goleador’ que contrataron los cándidos dirigentes de Barcelona apenas hizo un gol en esos diez duelos y un solo disparo al arco. (http:/espndeportes.go.com/futbol/jugador/_/id/45051/rolando-davidzarate).

Con todo desparpajo Zárate, quien vino con una lesión en la columna según su propia confesión, reclama ahora $ 1,6 millones al cuadro del Astillero y amenaza con la intervención de la FIFA. Y dadas las circunstancias, Barcelona está obligado a honrar esa obligación.

Lo que los aficionados no alcanzan a comprender es por qué ellos o la institución tienen que asumir la deuda impagable. La idea que prima es que la actual directiva de Barcelona ordene una auditoría, no para ocultar los resultados, como ocurre siempre, sino para cobrarles a los dirigentes responsables de haber traído a Zárate. Igual debe hacerse con los casos de jugadores que llegaron a vestir la camiseta oro y grana en los últimos tiempos y que no sabían si la pelota era cuadrada o redonda.

En el mundo del fútbol nacional reinan el caos y la impunidad, salvo los casos de equipos como Emelec, Liga de Quito e Independiente del Valle, que no por gusto son los más opcionados para lograr la corona. Deportivo Quito es la enseña de la irresponsabilidad y por eso está en la Serie B. Los que lo condujeron al despeñadero se pasean muertos de risa.

Si la Federación Ecuatoriana de Fútbol se olvida de que su única gestión es la de luchar por la clasificación al Mundial –dejando que los dirigentes de clubes hagan lo que les venga en gana–, una solución posible sería la fijación de normas que obliguen a los directivos a hacerse responsables ante la institución por los manejos económicos realizados en su administración.

Mauricio Macri, actual presidente de Argentina, dijo durante su mandato en Boca Juniors: “Me inclino por la convivencia de las sociedades anónimas y las asociaciones civiles. Pero en este último caso los dirigentes deben responder con sus patrimonios por los resultados de sus gestiones. En Boca modificamos los estatutos y desde la próxima elección los dirigentes se harán responsables del patrimonio que reciben”. Para ser candidato a la presidencia de Boca hay que tener un capital que llegue a un 20% del presupuesto anual de la institución.

El caso de Lanús es diferente. No hay precondiciones, los lazos de responsabilidad se fijan respecto de los balances presentados al finalizar los ejercicios. Los dirigentes responden con sus bienes o avales, ante ejercicios negativos.

En España a los elegidos para dirigir un club se les impone la obligación de depositar, antes de iniciar cada ejercicio, a favor del club y ante la Liga profesional, un aval bancario que garantice su responsabilidad y que llegue al 15% del presupuesto de gastos, presupuesto aprobado por la asamblea previo informe de la Liga Profesional. Se exige renovación anual de este aval, es decir, se deberá depositar antes del 1 de julio, por el tiempo que esté la Junta Directiva. Cada dirigente responde con este aval en los casos de fraude administrativo, negligencia y mala conducción del club.

No es cuestión de llantos demagógicos ni gestos sensibleros. Es cuestión de que la Ecuafútbol convoque a verdaderos juristas, no muchachos de mandados del directivo de turno, y proponga una reforma de la Ley del Deporte para que en cada institución los que tienen a su cargo la dirección se hagan responsables de aciertos y desaciertos. Y que los clubes hagan públicos sus presupuestos y los costos de las respectivas plantillas, que son hoy los misterios gozosos de la estructura del balompié.

Que se sepa quién contrata y quién responde por cada fracaso. Lo contrario es vivir en el mundo de la impunidad que se pretende corregir con colectas caritativas. (O)

No es cuestión de gestos sensibleros. Que se sepa quién ficha y quién responde por los fracasos. Lo contrario es vivir en el mundo de la impunidad que se pretende corregir con colectas caritativas.

Tomado de: El Universo