No son tiempos fáciles en Barcelona. O, tal vez, nunca lo fueron: la corrupción salpica en todos los ámbitos a muchos de los exdirigentes del club. Es una etapa de descreimiento institucional: todos son sospechosos hasta que se pruebe lo contrario.

El fútbol, también mezclado en ese lodo, ofrece recompensas en el campo de juego. Un partido, una gambeta, un gol. «. Una linda jugadita, por amor de Dios», suplicaba Eduardo Galeano, un escritor dolido por la realidad y esperanzado con el balón.

En Barcelona precisamente ese buen trato de pelota en las últimas seis semanas ha devuelto la confianza a la hinchada pero más aún a la novel dirigencia que lidera José Francisco Cevallos.

No es, tal vez, un muy buen equipo, está claro que deberá mejorar para ser campeón pero con Barcelona, todo puede pasar. Es un espectáculo formidable: habrá emociones, despistes, errores -¡vivan los errores!- y goles, muchos goles, sobre todo en el Monumental.

El equipo que conduce Guillermo es el más demoledor del torneo local, con 22 tantos. Ataca, siempre ataca en su estadio. Y suele hacerlo muy bien: la recompensa está a la vista. De visitante se defiende como puede, contras las cuerdas de su desenfrenada ambición. Este es un equipo que quiere escribir  historia y trata de llevar a escena los conceptos básicos del arte del juego. Ataque y defensa. El libreto cada vez mejor se interpreta.

En lo dirigencial, el popular BSC es una ecuación con gran incógnita. Los más de 23 y posiblemente 37 millones de dólares son una verdadera cruz que tienen que llevar en sus espaldas los dirigentes que asumieron el pasado 15 de octubre del 2015.

Es difícil salir de ese laberinto pero ha quedado claro que este directorio que también integra Alfredo Cuentas y Alfaro Moreno elige los desafíos y los persiguen casi con desesperación.

Son más de 120 juicios que un 90% están perdidos y que a su vez te exigen un pago para ayer, no para mañana. De dólar en dólar, para Cevallos cualquier aporte del barcelonismo es bueno. Acá no hay monto pequeño, hay necesidad de cumplir a cabalidad ese discurso que los llevó a ocupar el lugar que dejaron los hermanos Noboa.

Tal vez, con el tiempo, se consiga limpiar a la institución desde lo económico. En el mientras tanto, vale la pena disfrutarlo de los 90 minutos misteriosos e intensos de este Barcelona que lo que le sobra es carácter y personalidad. Entre tanto encierro institucional, el fútbol deber ser una puerta abierta.