Por: Vito Muñoz

Las horas de angustia que vive Ecuador y que repercuten en cada rincón del mundo alcanzan todos los ámbitos sin distinción de banderas ni ideologías. Inmerso en semejante catástrofe, el deporte ecuatoriano alteró su mapa de actividades y muchos de sus protagonistas vivieron horas de desesperación. El terremoto que golpeó sin compasión nuestro país dejó su sello en las vivencias personales de muchísimas personas, entre ellos varios futbolistas.

El testimonio de jugadores, principalmente de clubes manabitas, genera escalofríos; sin embargo, la sensibilidad del pueblo ecuatoriano va más allá de lo que se pueda escuchar. Las imágenes nos llaman a la reflexión. Son vivencias de un momento duro.

Para estos momentos el deporte suele ser una de las vías de escape. Precisamente, ‘deporte rey’ además de lo económico puede generar sensaciones de esperanzas con el retorno a días mejores. Pero no todo es fútbol.

Está claro que por ahora la pelota debe esperar. Lo que debe rodar son los lazos de unidad y solidaridad, como ha estado ocurriendo. El campeonato se paralizó pero ningún club se quedó con los brazos cruzados, hechos dignos de resaltar.

Grandes y chicos. Todos los equipos nacionales han juntado a dirigentes, jugadores e hinchas para colaborar con la gente afectada por la catástrofe. Sus dinámicas participaciones en conjunto han generado un puente canalizador a la ilusión de que la pelota puede ser mejor tratada.

Es cierto que la paralización del campeonato nacional mermará económicamente a los clubes, pero es ahora cuando eso es lo que menos importa. Hay que demostrar que el fútbol también tiene corazón.

En países como Chile, que lamentablemente alguna vez se vieron afectados por cataclismos similares, el deporte ayudó a levantar a su gente. La premonición en nuestro territorio es similar o por lo menos es de lo que se habla en la actualidad.

“Cuanto más difícil es la victoria, mayor es la felicidad de ganar”, dice alguna vieja frase de Pelé. El Ecuador podrá dar vuelta a la historia con unidad y el balón acá puede ser vital. (O)

Tomado de: El Telegrafo