Por: Vito Muñoz Ugarte

Once contra once. Noventa minutos para determinar quién es superior. Liga de Quito y Barcelona medirán (mañana) fuerzas por cuadragésima quinta ocasión en el estadio Casa Blanca. Han pasado 18 años, 7 meses y 2 días desde aquel primer encuentro entre ambos en ese escenario deportivo.

En el fútbol actual la ventaja de jugar de local ha perdido peso respecto a la ventaja de no ser tú el que tenga que llevar la iniciativa del partido -dicen los eruditos-, sin embargo el simple hecho de representar el escudo de Barcelona en la cancha de Ponciano ha significado que en 43 ocasiones jamás el visitante festeje una victoria ahí.

Es evidente que Liga de Quito arrastra un déficit de confianza y de certezas futbolísticas (en lo que va del torneo). No le sale nada, ni siquiera cuando hace lo suficiente para que le vaya mejor. Vive un inicio de año condenado hasta cuando no hay pruebas contundentes en su contra.

Primero la doctrina polémica y fugaz de Claudio Borghi, ahora la de Álvaro Gutiérrez. El fútbol del conjunto azucena fue en deterioro desde la salida de Luis Zubeldía, que gustando poco logró salir como segundo en 2015.  Los ‘albos’ están experimentando todas las formas de los lamentos.

Las carencias de esta versión de Liga se agrandan en un cotejo ante rivales exigentes y eso espera sacar provecho el uruguayo Guillermo Almada. “No hay equipo con buen suceso sin eficacia ni contundencia”, dijo el DT barcelonista hace varios días.

Para Almada el desafío es colosal. Sabe que nada tendrá que ver ese 5-0 que le metió en el Monumental hace varias semanas. En Casa Blanca será una atmósfera plagada de fantasmas que han tirado a bajo la ilusión de incluso el Barcelona campeón de 2012. Allá sus futbolistas deberán sacar su espíritu más competitivo para poder hacer historia.

La rapidez para interpretar a la perfección cualquier modificación táctica en cualquier momento del partido y para desempeñar distintos roles, es, quizás, uno de los trabajos en que mayor énfasis hace Almada en los entrenamientos, situación que por ahora ha encontrado respuestas a medias. El ‘Pep’ charrúa espera que se alineen los planetas para dar el primer golpe.

Un partido con alta dosis de vehemencia y un poco de ingenio. Un duelo entre el segundo y el colista. Un encuentro de dientes apretados. Son varios los calificativos que se pueden colocar a este compromiso, lo cierto es que la trascendencia de ese resultado  será crucial, tanto en el blanco como en el amarillo. La historia los espera. (0)

Tomado de: El Telegrafo