OPINIÓN. 

Estas líneas no hubieran cambiado ni siquiera una coma si ese cabezazo de Ely Esterilla no confirmaba el triunfo el partido ante Mushuc Runa. Por el contrario, produce incluso más placer y resulta más desafiante describir las virtudes de un equipo, y también los defectos -porque los hay-, cuando no es el resultado el que domina el panorama. La prepotencia de Barcelona Sporting Club para ser el foco de lo que aquí se exprese no tiene a la acumulación de puntos como causa fundamental, ya que ellos son la consecuencia. Algo más de un año de trabajo, un estilo de juego definido, un entrenador medianamente joven que hace del riesgo su emblema y un público que acompaña hasta el desmayo. El combo es lo suficientemente distintivo como para pasarlo por alto. Este equipo se ha ganado un lugar destacado en la fauna del fútbol ecuatoriano y vale la pena analizar algunos de los signos característicos de su personalidad.

1. Almada, el Pep del fútbol ecuatoriano

Nadie sabía de lo que podía ser capaz como entrenador. Su imagen estaba asociada a ese entrenador locuaz que llegó con intensiones de cambiar todo en 2015 pero que a su vez no consiguió nada. Ese envase original también contenía a un agudo observador del juego capaz de lograr la identidad de su equipo en un año de trabajo. Si el orgullo más grande que puede tener un líder es ver que su obra lo representa, Almada puede darse por satisfecho de saber que su equipo tiene un estilo y un sello absolutamente reconocibles. El universo futbolero sabe «a que juega Barcelona» y eso es todo mérito del técnico. De su predicamento a los jugadores, de no apartarse de una idea más allá de resultados y de intentar asumir el protagonismo con independencia de rivales y escenarios, surge este colectivo vestido amarillo.

Almada es el ‘Pep’ uruguayo que tiene nuestro fútbol . Su carisma no es enorme pero su lenguaje corporal en el banco de suplentes es un espectáculo en sí mismo y todos están embarcados en su proyecto. Sin techo a la vista y con mucho camino por recorrer y muchos detalles que pulir, es una de las grandes revelaciones de los últimos tiempos como DT de su país y encamina al equipo rumbo a un nuevo título.

2. Un estilo audaz e intenso

Barcelona juega bien al fútbol. Con un estilo clásico, pero con dinámica moderna, cuida la pelota en la primera fase del juego, busca asociaciones en la mitad del campo y es bien directo en el ataque. Dispone de laterales que duplican las bandas para sumar apoyos que pasen la línea de la pelota y busca recuperar la bola bien lejos de su arquero. Tratándose de un equipo «emocional» corre el riesgo de caer en cierto exceso de revoluciones y agudizar algún desequilibrio que por diseño puede aparecer cuando urge el resultado, pero incluso esa contraindicación está aceptada dentro del formato.

3. El atrevimiento de los ‘pequeños’

Nombres semidesconocidos hasta hace un tiempo fuera del mundo barcelonista se han ganado el respeto y el reconocimiento de la cátedra futbolera. Vera juega bárbaro, Aimar es aplicado en la marca y criterioso para salir,  Pineida aporta soluciones por la banda izquierda, Velasco por la derecha es un tren con freno, Esterilla cada ves más explota su potencial de velocista con cirterio y Anderson Ordóñez que ganó terreno y fue el último en aparecer, conforman una legión de jóvenes que no supera los 23 años y que garantiza un notable capital para el club. Son un soplo de aire fresco, inconciente y atrevido.

4. El compromiso de los grandes

Con Matías Oyola como jugador franquicia y dueño de un 2016 descomunal, el resto de los jugadores experimentados acompañó desde el inicio e hizo propio el proyecto del entrenador. Díaz, Marques, Banguera y Álvez interpretaron futbolística y emocionalmente cuáles eran los postulados fundamentales y tiran del carro como solo pueden hacerlo aquellos que están convencidos. Otros jugadores como Minda, Castillo o Lanza,  aportan desde su lugar y fortifican el sentimiento de pertenencia. En cualquier grupo de trabajo la buena convivencia y la competencia sana no garantizan el éxito, pero lo acercan bastante. Si el vestuario funciona, la armonía y la solidaridad se expresan en el campo.

5. El Monumental empuja

Si Almada es nuestro ‘Pep’, el Monumental bien puede ser alguno de esos estadios míticos europeos como el Signal Iduna Park o Anfield Road. La atmósfera es tremenda y el empuje de la gente tracciona impulsando al equipo hacia la victoria. Es verdad que ese aliento se transforma en un arma de doble filo cuando el equipo confunde los caminos y las velocidades del ataque, al punto de haber estado con  incertidumbre en algunos duelos, pero esa corrección que debe trabajar el entrenador se corresponde más con cierta inmadurez que aún persiste más que con la ansiedad lógica de la gente.

En cualquier caso, bien vale pagar una entrada para ver jugar a Barcelona. Razones sobran. Vale el reconocimiento para un equipo que juega muy bien y que más allá de las pasiones se ha ganado el elogio de muchos de los ecuatorianos. En tiempos de locura y arrebato y aunque no garantice una vuelta olímpica, ese es su verdadero éxito. La Copa Sudamericana es el nuevo camino que todos debemos recorrer.