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    CLÁSICO ¿BÁLSAMO O CONDENA?

    No era una final, ni un partido con un rival tradicional del torneo. Pero Barcelonatuvo en frente al club que el año pasado se vistió de pesadilla para ellos. Aunque el marcador comenzó a pintarse de celeste, un gran rendimiento colectivo del Ídolo, logró teñirlo de amarillo. Los toreros pisan fuerte en el campeonato y siguen como únicos punteros de la tabla, con el Clásico del Astillero en la mira.

    No hay duda de que no era un partido cualquiera. Macará fue el equipo del campeonato nacional que en 2017 trastocó los planes deportivos y financieros del club. El némesis de Barcelona, esta vez, no podía irse con vida del Monumental.

    Y así fue, pero antes hubo un susto, que de una u otra manera, fue un remezón al equipo de Guillermo Almada que luego del gol a favor del Macará, encendió las turbinas y sacó su mejor juego colectivo como lo hizo ante El Nacional.

    Pero como en 2017, Macará no iba a ser un rival sencillo. Paúl Vélez estacionó dos bloques para amortiguar y cortar el juego interno y lateral de Barcelona. En el mediocampo, su línea de cuatro hacía referencia a los jugadores locales y los controlaba.

    Era tal el buen trabajo defensivo de la visita, que el partido no tenía emociones, pero iban a llegar, primero, a favor del conjunto de Macará.

    Una evidente mano de Darío Aimar, sentenció un penal para la visita. Máximo Banguera en el arco y Carlos Feraud al cobro. Tiro abajo rasante del volante, pero que el portero torero contuvo con gran estirada.

    Pero el ex Liga de Loja iba a tener su revancha de inmediato. Tiro de esquina y un autogol de Juan Ignacio Dinenno. El argentino se tomaba la cabeza lamentándose, pero también iba a tener su vendetta, más dulce.

    Aimar aprovechó un mal despeje y logró igualar, desde allí la cancha se inclinó para el local. Erick Castillo empezó a manejar más la pelota y sus combinaciones lo ayudaron a ganar espacios, algo que es tremendamente aprovechado por su potencia y velocidad.

    El marcador encontró puerto amarillo (2-1) con un testazo de Marcos Caicedo, que cristalizó una jugada que él mismo inició y arrancó la fiesta del Ídolo.

    Y ese mismo monólogo que tuvo Barcelona al final del primer tiempo: dominio de pelota, verticalidad, profundidad y peligro, no iba a variar. Es más, iba a potenciarse.

    Luego, con el control del partido y un Macará que parecía no recuperarse de los golpes del dueño de casa, la torre de cartas que había proyectado Vélez, se caía. Llegó la venganza de Dinenno quien, ahora sí, anotó en su arco.

    El campeonato nacional tiene un solo puntero: Barcelona, que recibirá en su estadio al actual campeón, Emelec. Un Clásico del Astillero que puede ser un bálsamo para uno y la condena para el otro.

    Tomado de: Expreso

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