Ayer, descomunal fue la celebración de Diego Armando Maradona por el triunfo 2-1 de Argentina ante Nigeria. Lució eufórico, exaltado y con ojos desorbitados.

Como todo hincha de su país, tiene derecho a festejar como más le guste. Sin embargo y aunque sea considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos y tenga millones de fanáticos en el mundo, debe mantener la compostura.

Estuvieron de más sus gestos obscenos dirigidos a personas dentro del estadio de San Petersburgo, donde se disputó el encuentro entre sudamericanos y africanos. Su condición de estrella del fútbol no le da ‘patente de corso’ para faltarle el respeto a nadie.