Hoy, 31 de agosto de 2018, se cumplen 69 años de una gesta que llenó de orgullo al fútbol en Guayaquil y de todo el país: la victoria del naciente ídolo porteño ante el mundialmente famoso Millonarios, de Bogotá. Un estadio Capwell atestado, con el presidente Galo Plaza Lasso en la tribuna, iba a ser testigo de lo que se suponía sería una derrota honrosa. Barcelona, que había pasado altibajos en su vida institucional, que vagó por las series menores por una sanción federativa, volvió a la primera en 1942 y en 1948, con un plantel criollo, se ganó el alma popular por su amor a la camiseta, bravura y la calidad de sus jugadores.

Cuando se anunció a Millonarios se temió una caída desastrosa. “Queda la esperanza, siempre ha de ser así, que el conjunto barcelonés ofrezca, como en tantas ocasiones, una gran presentación ante un gran rival, pero, de todas maneras, se debe tomar las medidas necesarias para evitar una catástrofe”, indicó Diario EL UNIVERSO el 25 de agosto de 1949.

Y es que Millonarios ya era uno de los mejores equipos del mundo y contaba con cracks legendarios como los argentinos Néstor Raúl Rossi, Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera y Pedro Cabillón (último goleador del torneo colombiano de 1948).

Bajo el arbitraje de Gustavo Mateus Ayluardo, Barcelona salió aquella noche del 31 de agosto de 1949 con Enrique Romo; Carlos Pibe Sánchez y Juan Benítez; Fausto Montalván, Jorge Cantos y Galo Solís; José Jiménez, Enrique Pajarito Cantos, Jorge Rodríguez, José Vargas y Guido Andrade. Entraron luego Heráclides Marín por Jorge Cantos, Manuel Valle por Montalván y Víctor Lindor por Enrique Cantos. Millonarios alineó a Gabriel Ochoa Uribe; Gustavo García y Francisco Zuluaga; Tomás Abbes, Rossi e Ismael Soria; Alfredo Castillo, Pedernera, Di Stéfano, Cabillón y Alfredo Mosquera.

Ante la sorpresa visitante y la euforia del público local el legendario Pajarito Cantos abrió el marcador. Pedernera empató y Di Stéfano aumentó en medio del desconcierto de los canarios. El segundo tiempo fue una brillante demostración de fútbol de ambos equipos. Barcelona cercó a Millonarios en busca de la igualdad, el que llegó a través del Mocho Rodríguez.

El partido se tornó áspero. Rossi sacudió a Enrique Cantos después de que este lo dejara en ridículo con su mítica “bicicleta”. Su hermano Jorge lo defendió, manoteó al gigante Rossi y fue cambiado por Marín. Zuluaga estaba desesperado ante el toque de Cantos, Jiménez, Pelusa Vargas y Andrade.

Cuando faltaban tres minutos para el final, Víctor Lindor pasó a la historia al pescar un rebote dado por Ochoa ante un tirazo del Negro Jiménez y puso el 3-2. Di Stéfano y Rossi se lanzaron contra Mateus para pedirle que alargue el partido, desesperados por la cercana derrota e intentaron agredirlo luego cuando pitó el final.

El grito del público cuando sonó el silbato de Mateus pasó a la historia. Algunos afirman que se oyó hasta Milagro, donde una multitud seguía el partido emocionada por las jugadas de Andrade y la narración de otro milagreño, Ecuador Martínez.

Esa noche se afianzó la idolatría de Barcelona para todos los tiempos. Luego creció hasta llegar a todos los rincones de la patria y rebasar las fronteras.

Fuente: Diario EL UNIVERSO