Barcelona sigue sin encontrar el rumbo. Se quedó con las manos vacías en la temporada 2018. Su desempeño futbolístico fue bastante pálido. Tanto en el campeonato y en la Copa Sudamericana.

La situación es incontenible. La paciencia del hincha amarillo está casi agotada, solo el inmenso amor a los colores hace que el optimismo se mantenga de cara al 2019.

La pregunta es, ¿Quién es el culpable del mal momento que atraviesa Barcelona?

Cuando hay problemas está claro que algo está funcionando mal y que hay responsables directos e indirectos de lo ocurrido.

Tras un 2017 aceptable, donde Barcelona se quedó en las puertas de llegar a la final de la Copa Libertadores. El 2018 aparecía con un cartel titulado con letras mayúsculas de “QUEREMOS REVANCHA”.

La DIRIGENCIA amarilla, liderada por el presidente José Francisco, empezó una gran operación en busca de los mejores refuerzos para una temporada que también incluía participar en la  Sudamericana.

Nombres como Michael Arroyo, Juan Dinenno, Víctor Ayala, Jonathan Betancourt, entre otros, aparecieron en la web oficial del club donde anunciaron a los nuevos jugadores toreros en enero. Además, en junio se contrató a futbolistas como José Ayoví, Joffre Guerrón y Frickson Erazo, pero ningunos fueron solución. A diferencia del 2016, esta vez no se acertó en los fichajes.

Los líderes encargados de la parte administrativa del club cumplieron (en parte). Ficharon media docena de jugadores de  nivel aceptable pero dejaron que temas extradeportivos influyan en el día a día del primer equipo.

La inclusión en la política del máximo dirigente del club hicieron que todo el orden que había implementado en el 2016 se vaya desmoronando como un castillo de naipes. Además, una de las sensaciones negativas que se transmite es la división del directorio por conflictos de intereses y criterios. Otro punto negativo y, que es cuestionado, es la poca claridad en las finanzas de la institución.

Por otro lado está el DIRÉCTOR TÉCNICO, Guillermo Almada, un entrenador que llegó con perfil bajo a diferencia de Carlos Ischia en el 2014, entre otros, y pudo lograr algo que hasta parecía imposible: ganar un título en el 2016 rompiendo todos los récords y conseguir una destacada participación en Copa Libertadores, en 2017.

Desde el primer día de José Cevallos como presidente, el entrenador uruguayo mostró su capacidad de trabajo. De a poco le devolvió la autoestima a un equipo que vivía ‘derrotado’. Recuperó la confianza del plantel, rescató el nivel de varios jugadores, apostó por algunos jóvenes y encaminó por la senda del triunfo al Ídolo hasta el final del 2016. Mucho sacrificio, garra y buenos resultados pero sobre todo muy buen fútbol. Lo cual fue refrendado durante todo el 2017 en la Libertadores (hasta octubre donde fue eliminado en semifinal).

Ese buen andar en el 2016 ilusionó muchísimo al hincha amarillo para que le de toda su confianza al estrega charrúa de cara a la temporada que terminó. Pero, lamentablemente, ese apoyo no fue retribuido.

Almada se vio bastante impotente, con poca capacidad para darle la luz que el equipo necesitaba en momentos complicados de los encuentros. Su táctica, su identidad de juego, su visión, su mano, se fue disipando. El equipo que plantó en este 2018, casi siempre, se mostró estéril e incompetente en tramos decisivos, aunque es cierto que las lesiones de algunos jugadores importantes también complicaron su trabajo. No obstante, su planteamiento nunca más recuperó ese brillo especial que demostró otrora.

El perder partidos importantes (Delfín en 2017 y Liga de Quito en 2018) y partidos ante el rival más débil del campeonato (Guayaquil City en 2018) en campeonato desquició al barcelonismo que sueña con un equipo competitivo ante cualquier adversario y más teniendo a jugadores de grandes características.

Y para finalizar están los JUGADORES. El plantel de Barcelona es, quizás, el más rico del fútbol ecuatoriano, por el nombre y por el precio de su valor.

Nombres, nombres y nombres. Nada más que eso. Casi en su totalidad, los 11 jugadores toreros que salieron en cada encuentro deambularon como almas en pena. Su improductividad se vio reflejada en los resultados. Ni el vértigo, ni el regate, ni la solides, ni el gol, ni el encare, ni el buen dominio de balón, ni el remate. Nada. En la mayoría de los encuentros tanto los que salieron como estelares y los que ingresaron  en la variante lucieron infértiles. Su aporte fue nulo y el equipo vivió bajo la sombra de los malos resultados.

Los jugadores de Barcelona son muy lentos, el problema no es el técnico si no los jugadores, si ellos pusieran corazón fuera muy diferente, el mal está en los propios jugadores”, expresó el legendario Clímaco Cañarte. Palabras tan ciertas para algunos, tan distante para otros, pero que abre un interrogante final. ¿El mensaje de Almada no es el adecuado o a su vez los jugadores no saben o no quieren interpretarlo?.