Cuando fue contratado hace 50 años, ni al más entusiasta de los aficionados de Barcelona se le pudo haber ocurrido que el tránsito del uruguayo Édison Saldivia (1944-2019) por las canchas ecuatorianas iba a dejar una huella profunda e imborrable. Seguramente nadie vaticinó que el formidable y elegante zaguero iba a ser capaz de derrotar a su propia desaparición física –ocurrida la noche del lunes anterior– al asegurarse la inmortalidad como protagonista estelar de varias gestas futboleras que parecen salidas de novelas de caballería.

Galo Roggiero, presidente canario y responsable del fichaje, tampoco debe haber imaginado en 1969 que al incorporar a Saldivia, para unirlo a estrellas como Vicente Lecaro, Luciano Macías, Washington Chanfle Muñoz, Walter Cárdenas –más las posteriores llegadas de Jorge Bolaños, Gerson Teixeira, Pepe Paes y Alberto Spencer, y las apariciones explosivas de Miguel Ángel Coronel y Juan Madruñero–, se anticipaba casi un cuarto de siglo al concepto de Dream Team (Equipo de Ensueño) con el que bautizaron a la selección de básquet de Estados Unidos, ganadora del oro olímpico en 1992 –liderada por Michael Jordan y Magic Johnson–.

Galo Roggiero hizo uno de los mejores fichajes de la historia al traer a Édison Saldivia. Era un crack fabuloso. Ricardo Vasconcellos Rosado, historiador y periodista deportivo

El nombre de Saldivia, fallecido en Miami, se pronuncia con respeto por quienes lo vieron en acción y por los que sin haber atestiguado su calidad conocen su leyenda, porque fue parte de uno de los más fabulosos planteles de Barcelona en la historia del club. Del primer equipo en obtener un bicampeonato nacional (1970-1971), del pionero en clasificar a semifinales de la Copa Libertadores (1971 y 1972), del que sacudió al planeta al acabar con el invicto de Estudiantes de La Plata, tricampeón vigente de América, en su estadio (1971).

El periodista Mauro Velásquez Villacís, en el fascículo número 10 de la colección Historia de los grandes, describe así al Cacho:” Un zaguero como no ha venido otro a nuestra patria. Un fino estilista que jugaba con la gracia de un balletista en espacios diminutos en el área rodeada de adversarios. Ejecutaba maniobras que solamente alguien de su excelsa calidad podía realizar. Inolvidable”.

Como dueño de una “técnica del más fino atacante y con sangre fría” se refiere el mismo autor, en Historia del Barcelona SC, sobre uno de los hombres que resistieron la embestida de Estudiantes, cuando con sus botines benditos el sacerdote Juan Manuel Bazurko anotó un gol que produjo un triunfo cataclísmico que metió en la eternidad a los toreros que alinearon la noche del 29 de abril de 1971.

Para el historiador Ricardo Vasconcellos Rosado, Saldivia –que militó en Racing de Montevideo, Chacarita Juniors, Colón y seleccionado charrúa en la eliminatoria al Mundial 1966– “es uno de los fichajes más acertados de nuestra historia. Formó con Cárdenas, Lecaro y Macías una segunda versión de la Cortina de Hierro. Saldivia fue un jugador fabuloso, de gran ubicación, rápido para la marca y recuperación del balón. Era impasable por alto. Fue uno de los mejores en la cancha en la noche de la Hazaña de La Plata”.

Y remata: “Viendo la mediocridad de las contrataciones de hoy creo que es imposible que venga a Ecuador un crack del nivel técnico de Édison Saldivia”. (D)

Tomado: El Universo