Jorge Fortunato Célico nació el 13 de septiembre de 1964 en Buenos Aires, Argentina. Fue jugador de fútbol y es entrenador desde el 2002. En su país dirigió a Huracán. Llegó a Ecuador en el 2009 para coordinar las divisiones juveniles de El Nacional. Luego dirigió a U. Católica (2010-2017). En el 2017 fue contratado por la Ecuafútbol. En febrero ganó el Sudamericano Sub 20 y luego fue tercero en el Mundial de Polonia.

​Ganó el oro sudamericano, fue tercero en el Mundial y en el encargo de la Selección mayor la gente coreó su apellido en Cuenca. ¿Es su mejor año del fútbol?

​Tengo un agradecimiento enorme. La gente me agradece, está feliz y me dicen que los triunfos de la Selección devolvieron la autoestima al país. Esas son cosas que solo el fútbol genera. Ha sido un muy buen año para las selecciones juveniles del país y se puede marcar un antes y un después.

​La gente se reconcilió con la Selección tras los últimos escándalos.

Más que los títulos, lo importante fue reconciliar a la Selección con la hinchada, hubo una simbiosis entre el equipo y la gente. Cambió mucho la actitud de los muchachos: acercándose a firmar autógrafos, a tomarse fotos, a dar entrevistas. Estas son cosas sencillas, pero que antes se habían perdido.

​¿Ayuda que sean jóvenes los convocados?

Absolutamente, porque puedes generar un esquema de trabajo. Los futbolistas deben entender por quién juegan, no tener poses con su gente.

​Es la segunda vez que le encargan la Tri. ¿Lo asumió como una revancha por lo sucedido la primera vez, en donde hubo jugadores sancionados por abandonar la concentración?

​No, no lo tomé como una revancha. Aquella vez fue una situación laboral importante para mí y no podía negarme. Esta vez era un cambio generacional importante con un riesgo: ¿qué pasaba si Perú nos goleaba? Esa preocupación era más por la gente que por mí, porque yo confiaba plenamente en lo que podían hacer los jugadores. Fue una oportunidad para hacer visible el trabajo de dos años con los juveniles.