Estamos observando a diario el estercolero en que se revuelcan algunos actores del deporte nacional, tan azotado por la vergüenza. Dos socios de hace cuatro años hoy se sacan los cueros al sol, después de despellejarse, acusándose de haber negociado con los colores que dijeron defender. En el 2015 los dos hablaron de desprendimiento y de filantropía y hoy se sabe que todo era cálculo mercantil que produjo cerca de un $ 1 millón. Los estatutos prohibían el comercio entre directivos, pero ellos estuvieron juntos por 38 meses. Hasta que el diablo metió la cola de la ambición y los socios se pelearon.

Ahora son adversarios. La presa sobre la que revolotean promete $ 100 millones en cuatro años y por eso habrá bronca “de angas o de mangas”. Triste el destino de la entidad deportiva más popular del país.

En Fedeguayas, institución moribunda desde que la política tomó el control del deporte y puso a la ñaña del presidente de la República para que haga y deshaga, la tragedia se instaló en la antes orgullosa Federación. Llegó la intervención cuando la protección oficial no daba para más, pero todo sigue igual. Los que destruyeron por negligencia los escenarios deportivos, se gastaron millones sin convocar a un torneo en algún deporte; los que sepultaron la grandeza, se pasean impunes. No hay autoridad deportiva gubernamental, ni Contraloría, ni Fiscalía que hagan algo. El deporte de Guayas está muerto, pero sus restos mortales son aún codiciados.

Todos estos enredos malolientes a veces nos hacen olvidar lo sublime. Dos entidades que nacieron el mismo día, alcanzaban su esplendor hace 70 años. Ambas arrancaron sus días un 1 de mayo. El Athletic Club, hoy difunto, nació en 1922 y Barcelona Sporting Club en 1925.

Mercantil se llamó el equipo que luego sería Athletic, propulsado por un gran visionario: don Manuel Vítores Polanco. Después se fundó Barcelona, nacido del entusiasmo de la muchachada del barrio del Astillero. Sus creadores jamás soñaron en lo que ambas instituciones llegarían a ser para el espíritu deportivo porteño. Athletic empezó en el fútbol y en 1930 ascendió a la primera categoría de la Federación Deportiva del Guayas. Alcanzó su momento cumbre en 1932 cuando barrió con Panamá, Daring, Liga Deportiva Estudiantil, Norteamérica, Patria y todos los que se le pusieron por delante.

Fue “oreja y rabo” para los pupilos de don Manuel Vítores, pues fueron campeones de primera categoría, subcampeones en segunda y monarcas en tercera y cuarta división. Grandes figuras pasaron por sus filas: Óscar Sánchez, Alberto Cayuta Garzón, Domingo Ochoa, César Barrera, Teodoro García, Armando de la Torre, Sucre Cando Marín, y muchos más.

Barcelona fue también un gran animador del fútbol federativo cuando sus huestes eran empujadas por ese gran cacique que fue Manuel Gallo Ronco Murillo Moya. Tuvo altibajos, pero la consolidación de la idolatría arrancó en 1949 cuando venció al famoso Millonarios de Bogotá, uno de los equipos más poderosos del mundo. No andaba bien cuando se anunció la visita de los colombianos.

Tanto que Diario EL UNIVERSO, el 25 de agosto, comentaba: “Queda la esperanza, siempre ha de ser así, que el conjunto barcelonés ofrezca, como en tantas otras ocasiones, una gran presentación ante un gran rival, pero, de todas maneras, se deben tomar las medidas necesarias para evitar una catástrofe”.

A los 5 minutos Enrique Pajarito Cantos le puso el primer gol al arquero Gabriel Ochoa. Volvieron por sus fueros las rutilantes estrellas extranjeras y se colocaron 2-1 con goles de Alfredo di Stéfano y Adolfo Pedernera. Salió entonces el coraje criollo. Barcelona se fue sobre su rival y el pequeño pero astuto Jorge Mocho Rodríguez marcó el empate. Vino entonces un espectáculo maravilloso e inolvidable. De ambos lados se tejían jugadas de lujo. Los visitantes ponían todo su fútbol, incrédulos ante la resistencia de nuestro equipo cholo. Juan Benítez era un monumento en la zaga y Carlos Pibe Sánchez se fajaba con Di Stéfano.

La noche del 31 de agosto de 1949 Barcelona se metió en el alma popular al vencer al Millonarios de Di Stéfano. El club no dijo del aniversario porque sus dirigentes actuales no saben de historia.

Faltaban tres minutos cuando Víctor Lindor, interior de Norteamérica, quien había ingresado minutos antes por Enrique Cantos, le robó un balón al arquero colombiano Gabriel Ochoa y marcó el gol de la victoria ante un estadio repleto y enloquecido por la hazaña. Una chilena de Pedro Cabillón que dio en el travesaño puso angustia en la valla de Enrique Ñato Romo, pero el pito de Gustavo Mateus señaló un final de bronca: Barcelona 3, Millonarios 2.

Estuvieron por Barcelona Enrique Romo; el Pibe Sánchez y el Zambo Benítez; Papa Chola Solís, Jorge Cantos (Marín) y Montalván; José Jiménez, Pajarito Cantos, el Mocho Rodríguez, Pelusa Vargas y Guido Andrade. En Millonarios alinearon Ochoa; García y Cobo Zuluaga; Abbes, Rossi y Soria; Castillo, Pedernera, Di Stéfano, Cabillón y Mosquera. Esa noche del 31 de agosto de 1949 Barcelona se metió en el alma popular.

Pocos días antes de ese suceso, Athletic Club viajó a Costa Rica con el réclame de ser la mejor formación basquetera del país. Cinco partidos debían jugar en una nación considerada una potencia centroamericana, con jugadores famosos como Vitamina Castro, Marco Calvo, Palito Silva, Guillermo y René Álvarez, Oreamuno, Mattling y Fioli. Rosendo Parra, Assad Bucaram, Juan Phillips Orellana y Alfredo Escobar Urbina dirigían el equipo que integraban Justo Morán, Alfonso Quiñónez, Alfredo Arroyave, Atilio Ansaldo, Fortunato Muñoz, Jacobo Bucaram, Gonzalo Aparicio, Álvaro Aparicio, Pablo Sandiford, Samuel Cisneros y Víctor Andrade Zavala.

El 10 de julio, en el Coliseo Mendoza, de San José, Athletic deslumbró a un público encabezado por el presidente José Figueres para vencer a Gimnástica Española. Sucesivamente fueron cayendo el campeón costarricense Seminario (dos veces), Universidad Nacional que con sus refuerzos era una verdadera selección de Costa Rica, y Orión. Para entonces la prensa tica había agotado los elogios para los muchachos del Athletic. Es “el mejor equipo que ha pisado las canchas del país”, como dijo La Prensa. El 24 de julio retornó invicto a Guayaquil.

“Bienvenido, Athletic”, decía un editorial de EL UNIVERSO suscrito por el periodista que usaba el seudónimo de Michichico: “Lo que Athletic ha hecho en Costa Rica ha sido grande. Es la expresión del poderío del básquetbol ecuatoriano. Para ellos, mensajeros de la amistad, deportistas de verdad, nuestros saludos, nuestra bienvenida, nuestra expresión de aliento a una obra llamada a ser orgullo y gloria del deporte ecuatoriano y honra del guayaquileñismo”.

El choque Barcelona-Millonarios pasó a ser una tradición. Volvieron a encontrarse ambos equipos en el estadio Capwell el 21 de mayo de 1952. Los millos eran más poderosos que en 1949. Habían llegado Julio Cozzi, Felipe Steimberg, Hugo Reyes, Reinaldo Cara de Auto Mourín, el peruano Julio Ramírez, el brasileño Danilo y otras grandes figuras. No le sirvió de nada. Volvió a caer ante el ídolo del Astillero por 1-0, gol del argentino Juan Deleva, y una actuación soberbia de Jorge Delgado, Enrique Cantos, Eduardo Tano Spandre y Juan Benítez, convertido otra vez en una muralla infranqueable.

Con el arbitraje de Rafael Guerrero Parker, Barcelona alineó a Jorge Delgado; Spandre y Benítez; Héctor Pedemonte, Jorge Caruso y Heráclides Marín; el Mocho Rodríguez, Enrique Cantos, Juan Deleva, José Pelusa Vargas y Guido Andrade. Los colombianos tuvieron a Cozzi; Steimberg y Ramírez; Soria, Rossi y González; Reyes, Mosquera, Di Stéfano, Castillo y Mourín (Alcides Aguilera).

Pasaron siete décadas y en Barcelona Astillero se recordó el suceso. En el club torero no hubo una sola palabra, pues entre sus dirigentes actuales nadie conoce la historia.

FUENTE: EL UNIVERSO