Johan Padilla se ríe a carcajadas cuando se sienta a ver las repeticiones de los partidos de El Nacional. Le causan gracia sus gestos en los cotejos, tanto que contagia a sus familiares y amigos. El arquero esmeraldeño no para de reírse al ver los ‘carajazos’ que les grita a sus compañeros de la defensa o los lamentos que deja ver en su rostro cuando le marcan un gol.

A sus 27 años, se toma la vida con alegría porque dice disfrutar de su carrera, aunque siempre tiene una desazón que le acompaña: su hija Johanse -de cinco años- no vive con él. Su pequeña está en Esmeraldas bajo el cuidado de su madre Enriqueta Quiñónez. Padilla tampoco vive con la progenitora de su heredera.

“A pesar de que mi hija está distante, siempre la llamó para recordarle que yo soy su papá”, expresa tras una práctica de El Nacional, en el Complejo El Sauce, en Tumbaco.

El extenso complejo deportivo es su refugio y su campo de operaciones. Marcelo Zuleta, entrenador de los puros criollos, cuenta que el golero es uno de los primeros en llegar a El Sauce. Desde que el estratega le entregó la cinta de capitán a mediados de año, luego de la salida de Manuel Balda, se ha preocupado por dar el ejemplo al grupo. Esta disciplina le ha permitido consolidarse como titular. También le han ayudado los consejos y el trabajo del entrenador Zuleta, según expresa el propio golero.

A principios de la temporada, el técnico le dijo que si se esforzaba y cumplía con su equipo lo “veía en la Selección ecuatoriana para diciembre”. Pícaramente, el arquero le recuerda ahora al técnico que se le adelantó a su presagio.

Jorge Célico, DT interino de la Tricolor, lo llamó para los partidos amistosos ante Perú y Bolivia, en septiembre. Ahora, lo volvió a citar para el cotejo comprobatorio del 13 de octubre, ante Argentina, en España.

“Desde el 2016 empecé a pensar que podía estar en la Selección. Ahí cambió mi mentalidad”, recuerda el portero que suele andar descalzo tras las prácticas de los rojos.

En ocasiones, cuando hay un receso del torneo o tiene días libres, su madre y su padre Hernán Padilla vienen a visitarlo con la pequeña Johanse. Son días felices para el meta, quien dice que su hija ya lo reconoce cuando lo observa a través de la televisión. Eso sí, sus compañeros lo ven casi siempre con una sonrisa.

Es uno de los más bromistas junto a su compadre, el talentoso Jonathan Borja. Ambos son los que hacen más chistes en el grupo de Whatsapp del equipo militar. Pablo Cifuentes y Steven Zamora son otros de los ‘graciosos’, confiesa el arquero. Con ellos, suelen pasar las horas de la concentración con juegos. A Padilla le encanta el pimpón. Casi nadie le gana en ese juego. A Borja, en cambio, nadie le derrota en el billar.

Para pasar las horas de la concentración, el esmeraldeño también se distrae observando las series ‘Flash’ y ‘Flecha Verde’, en la plataforma de Netflix. La película ‘Sixtillizos’ también le hizo reír mucho.

Miguel Segura es uno de los que más le ayuda en las prácticas. El mediocampista siempre entrena con el golero la ejecución de los tiros libres. Padilla casi siempre pierde las apuestas por la buena ‘pegada’ del volante, en las jugadas de pelota detenida. Con esas prácticas, Padilla intenta mejorar su rendimiento.

Uno de sus propósitos es fortalecer el diálogo con sus compañeros y los despejes. Robin Pico, preparador de goleros de la Selección nacional, le dijo que debía mejorar al salir en los rebotes del balón. Con todo, él se siente seguro bajo los tres palos. Aprendió sobre cómo mandar en su área de Librado Azcona, entre el 2012 y el 2015, cuando estuvo a la ‘sombra’ del paraguayo en el Independiente.

Luego, salió al Aucas y tampoco fue titular. En el ‘Nacho’, en el 2017, en cambió, empezó a ser titular. Ahora, su meta es adueñarse del arco de la Tricolor. También tiene otro objetivo: “Me gustaría ser campeón con El Nacional”.

Fuente: Bendito Fútbol