CORTESÍA: EL MUNDO

De Biasi es principalmente conocido por haber obrado uno de los mayores milagros recientes del fútbol europeo, llevar a la selección de Albania a la Eurocopa de 2016, el primer torneo de selecciones en la historia de este pequeño país de los Balcanes. Un trabajo al que ha dedicado los seis últimos años de su vida. Una gesta que le ha convertido en un ídolo para los albaneses y que ha revitalizado el fútbol de ese país.

No todo fueron alegrías, sin embargo. Vivió en primera persona una de las situaciones más desagradables del fútbol de selecciones en los últimos años. Durante un Serbia-Albania, un dron sobrevoló el campo con una bandera reivindicativa albanesa. Un futbolista serbio la agarró de malas maneras y se montó tal trifulca entre futbolistas de ambos países que el árbitro se vio obligado a suspender el encuentro. Los incidentes con el público de Belgrado habían comenzado antes, con lanzamiento de petardos a los jugadores visitantes, rescoldos aún calientes de la Guerra de los Balcanes.

La de Albania fue la experiencia más exótica de De Biasi, que en su juventud fue un centrocampista con cierta trayectoria en la Serie B, la segunda división italiana. Tras su retirada se empezó en tener una carrera en la Serie A como entrenador, algo que no había logrado como futbolista. Le costó varios años y un puñado de equipos tras lograrlo con el Módena, gracias a dos ascensos consecutivos, en 2002. En lo futbolístico, siempre ha sido un técnico de la escuela clásica de su país, un hombre que prima la solidez defensiva sobre cualquier otra virtud de sus equipos. Simplificando mucho, un defensor del ‘catenaccio’.

Posteriormente dirigió al Brescia de Roberto Baggio y al Torino, también en la Serie A, antes de asumir las riendas del Levante en la temporada 2007/08. Abel Resino había sido destituido tras un flojo comienzo de Liga y la entidad granota le eligió para enderezar el rumbo del club. Aquel año, el equipo descendió tras una temporada terrorífica en lo extradeportivo en la que jugadores y empleados no cobraron durante más de siete meses. «Mi año en el Levante fue más difícil que meter a Albania en la Eurocopa», llegó a decir años después.

En Valencia, de hecho todos guardan un recuerdo estupendo de De Biasi, a quien definen como un tipo de carácter afable y sobre todo un excelente psicólogo. «Consiguió que todos los jugadores fueran a muerte con él pese a que la situación era muy difícil y a que los impagos se acumulaban», recuerda alguien que vivió muy de cerca todo lo que aconteció aquella temporada en Orriols.

En circunstancias normales, afirman, se habría quedado durante mucho tiempo en el Levante. Se implicó como el que más en el club y en la ciudad, hasta el punto de que llegó a participar por iniciativa propia en una ofrenda de las Fallas, algo que pilló por sorpresa a todo el mundo. De puertas para adentro destacan su carácter motivador y sus dotes de liderazgo. También su apuesta por los futbolistas jóvenes y la cantera. Fue Di Biase, de hecho, quien dio la alternativa a Vicente Iborra con 20 años, el mejor producto de la factoría granota en los últimos tiempos.

Tras dos breves y malas experiencias posteriores en el Torino y el Udinese, en 2011 asumió el trabajo de seleccionador de Albania, cargo que abandonó entre lágrimas el pasado mes de junio. Sabía que no iba a poder repetir la gesta de 2016, superado en la clasificación por España e Italia. Desde entonces se encontraba sin equipo hasta a que ahora el Alavés ha llamado a su puerta.